martes, 29 de septiembre de 2015

MARTÍN LUTERO (1483-1546)

Durante los primeros años del siglo 16 idealista monje alemán Martín Lutero, disgustado por el materialismo en la iglesia, comienza el diálogo que conduzca a la Reforma protestante.

El teólogo y reformador alemán, padre de la Reforma Protestante, criticó y combatió la corrupción de la Iglesia católica del siglo XVI.

Mientras Savonarola, en el centro del mundo civilizado, batallaba por la pureza de la moral y creencias cristianas, crecía en las selvas teutónicas un niño que más tarde había de realizar el sueño de este y llevar a cabo la obra colosal de la reforma del Cristianismo. Se llamaba Martín Lutero. 

Nació cerca de Eisennach, Alemania, en 1483 de padres de humilde condición, que sin embargo se empeñaron por la educación de su hijo. Acabados los estudios elementales en su pueblo, pasó un año en una escuela de Magdeburgo y después fue a Eisennach a un colegio de los franciscanos. La pobreza de sus padres le obligaba a vivir como «estudiante pobre» es decir, recibiendo albergue libre y pidiendo limosnas a los ricos. En Eisennach encontró protección en la familia Cotta, que se interesó por él hasta el punto de ofrecerle un hogar en su casa.





En el año 1501, Lutero estaba listo a entrar en la Universidad de Erfurt, centro entonces de la vida intelectual de Alemania. Su padre había prosperado en su oficio de minero y resolvió hacer de Martín, su hijo, un abogado.

Hans Lutero, su padre, se trasladó a la región minera de Mansfeld, donde trabajó en una mina de cobre. Con el tiempo prosperó, dirigió su propio negocio y la familia pudo librarse de las penurias económicas.

Un rayo cambió su vida

Martín Lutero era un prometedor estudiante de Derecho en la Universidad de Erfurt, pero en 1505 un incidente cambió su vida de forma drástica. Regresaba de una visita a casa de sus padres en Mansfeld cuando se vio sorprendido por una tormenta eléctrica. Un rayo cayó cerca de él y, aterrorizado, prometió a santa Ana que se haría monje si lo libraba del peligro.

Agitado por un profundo deseo de obtener la salvación no le importó decepcionar a su propio padre al tomar tal decisión, quien había puesto muchas esperanzas en el futuro profesional de su hijo.  Pocos días después cumplió su promesa e ingresó en el monasterio agustino de Erfurt. Martín

En 1507, con 24 años, fue ordenado sacerdote y tres años más tarde viajó a Roma, la capital de la cristiandad; pero este viaje, lejos de ayudarle en su búsqueda espiritual, tuvo para él el efecto contrario al percatarse de la frivolidad y mundanalidad en la que aquella iglesia había caído.

Hasta entonces, Lutero había acudido a todos los recursos espirituales para encontrar paz con Dios: la confesión auricular, la comunión frecuente, la penitencia, las lecturas edificantes, la meditación etc. Pero al tener que preparar como profesor sus clases sobre los Salmos y sobre la carta a los romanos, fue donde descubrió la fuente de donde viene el perdón de los pecados y la paz de la conciencia: la justificación gratuita del pecador a través de la fe en Jesucristo.

Si esto era así, muchas de las prácticas sostenidas por la Iglesia eran totalmente inútiles y dañinas para las almas en busca de perdón, porque alentaban a buscarlo en cosas que no podían impartirlo. Es más, si esto era así, significaba que la Iglesia se había apartado del evangelio de la gracia de Dios, sustituyéndolo por un sistema sacramental en el que el sacerdote suplantaba la mediación única de Cristo.

 Es en esta época de profesor cuando se entrega al estudio del griego y del hebreo con el objetivo de profundizar en el significado y matices de las palabras; algo que luego le será de gran provecho a la hora de traducir la Biblia.

 Lutero vivió escandalizado por la corrupción de la Iglesia católica y, entre otras cosas, combatió las indulgencias, la remisión de las penas de los pecadores a cambio de una donación a la Iglesia.

De vuelta a su patria se doctoró en teología en 1512 comenzando a dar clases en la universidad de Wittenberg.

Lutero creía que la salvación sólo se logra mediante la fe personal y la lectura directa de las Sagradas Escrituras y que cualquier persona tenía derecho a leerlas y estudiarlas, sin depender del magisterio de la jerarquía eclesiástica.


Tetzel, predicador de las indulgencias
En 1517 aparece en escena un monje dominico, Tetzel, predicador de las indulgencias. Por medio de la compra de indulgencias, según la enseñanza tradicional, se libraba a las almas recluidas en el purgatorio de los tormentos del mismo.

 El dinero obtenido en esta ocasión por este medio sería invertido, a partes iguales, en la erección de la basílica de San Pedro en Roma y en la compra por parte de Alberto de Hohenzollern de un obispado.

Fue entonces cuando Lutero escribió y clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg sus Noventa y cinco tesis. Este documento fue la chispa que puso en marcha todo un proceso cuyas consecuencias iban a ser de largo alcance.

Ante la Iglesia

Como consecuencia de la rápida difusión de las Tesis, Lutero es llamado en 1518 a dar cuentas en Roma. Sin embargo, el elector Federico de Sajonia logra que en vez de tener que ir a Roma, el encuentro se produzca en Augsburgo.


Probablemente la protección que este gobernante ejerció hacia Lutero fue uno de los factores clave, humanamente hablando, en el triunfo de la Reforma. En Augsburgo Lutero se encuentra con Cayetano, el enviado del papa León X. Pero el cardenal Cayetano no estaba allí para dialogar con un oscuro fraile sobre ciertas cuestiones teológicas; lo único que Cayetano esperaba de Lutero era una cosa: la retractación.

Lutero contestó que la Biblia tenía primacía sobre todos los decretos, a lo que Cayetano repuso que el papa estaba por encima de los concilios y de la Escritura. "Yo niego que esté por encima de la Escritura.", respondió Lutero. A partir de ahí se terminó el encuentro.

Todavía habría lugar para otro debate entre Lutero y una autoridad católica; se celebró en Leipzig en 1519 teniendo como contrincante al teólogo Juan Eck.

Éste acusó a Lutero de reavivar las opiniones de Huss sobre el papado y con ello estar bajo la misma sentencia de excomunión con la que Huss fue condenado por el concilio de Constanza.
Lutero respondió que muchas de las opiniones de Huss eran totalmente correctas. Luego ¿se equivocó el concilio que lo condenó?, preguntó Eck, a lo que Lutero contestó que los concilios pueden equivocarse. A estas alturas Lutero ya había puesto en entredicho la autoridad del papa y ahora también ponía en entredicho la fiabilidad de los concilios.

Era a todo el cimiento mismo del sistema católico romano al que Lutero estaba negándole infalibilidad. El paso decisivo ya estaba dado, ¡Lutero era un hereje!

Excomunión

Lutero quemando la bula de excomunión
El 15 de junio de 1520 León X publicó la bula de excomunión de Lutero intitulada Exsurge Domine; cuando Lutero la recibió se dirigió al pudridero de la ciudad y, juntamente con el Derecho Canónico, la arrojó a las llamas. La ruptura estaba consumada. Un fraile había osado levantarse él solo ante todo un sistema religioso de más de mil años de antigüedad, con el solo apoyo de la Palabra de Dios.

VER: Martin Lutero


En ese mismo año de su condenación Lutero ha escrito incansablemente algunas de sus mejores obras: A la nobleza cristiana de la nación alemana, La cautividad babilónica de la Iglesia y La libertad cristiana.

Ante el emperador

El recientemente elegido emperador, Carlos, convoca una Dieta en Worms en 1521 para tratar ciertos asuntos concernientes al gobierno; uno de ellos es el "caso Lutero". Hay que hacer que la condenación eclesiástica de la bula papal se traduzca en condenación imperial por parte de la autoridad civil; en otras palabras: hacer efectiva la condena, acabar con Lutero. 

De nuevo aquí la intervención de Federico de Sajonia, apodado el Sabio, volvió a ser de importancia trascendental para la causa de la Reforma: Lutero viajó a Worms bajo la protección de un salvoconducto y allí, conminado ante Carlos V, a pronunciarse sobre sus doctrinas pronunció las memorables palabras:


Lutero ante Carlos V
"Si no me convencen mediante testimonios de las Escrituras o por un razonamiento evidente (puesto que no creo al papa ni a los concilios solos, porque consta que han errado frecuentemente y contradicho a sí mismos), quedo sujeto a los pasajes de las Escrituras aducidos por mí y mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme de nada, puesto que no es prudente ni recto obrar contra la conciencia."

La suerte estaba echada; Lutero se había enfrentado al poder religioso y ahora lo estaba haciendo al poder secular. Las dos grandes instituciones: Iglesia e Imperio no estaban por encima de la Palabra, sino sujetas a ella.

La traducción de la Biblia



Cuando Lutero dejó Worms para regresar a Wittenberg su vida corría peligro. En un punto del camino fue secuestrado por unos jinetes desconocidos y llevado al castillo de Wartburg. Este secuestro, planeado por Federico el Sabio, era el medio de ponerlo a salvo de sus enemigos. Durante varios meses nadie supo qué había sido de Lutero, si estaba vivo o muerto.

Pero fue precisamente en ese refugio donde se entregó a la traducción del Nuevo Testamento al alemán; en menos de tres meses estaba terminada. Antes de eso ya existían traducciones de las Escrituras a dicho idioma, pero estaban hechas a partir de la Vulgata y eran toscas y fuera del alcance del pueblo. La traducción de Lutero estaba hecha a partir del Nuevo Testamento griego que Erasmo de Rotterdam había compilado.

Ya en 1517 había comenzado con la traducción de los Salmos penitenciales (mejorados en 1525) continuando con la oración del Señor y el Salmo 110 en 1518, la oración de Manasés y Mateo 16:13-20 en 1519 y algunas otras porciones. A finales de 1521 comenzó con el Nuevo Testamento. El 13 de enero de 1522 escribe a Amsdorff: 'Entre tanto estoy traduciendo la Biblia, aunque he tomado una tarea más allá de mis fuerzas. 

El Antiguo Testamento no puedo tocarlo a menos que me prestes tu ayuda.' Para el Antiguo Testamento usó la edición de Brescia y para el Nuevo la segunda de Erasmo, aunque consultó la Vulgata, teniendo la ayuda para el Antiguo de sus amigos Melanchthon, Bugenhagen y Aurogallus además de todas las ayudas disponibles. La influencia del trabajo de Lutero traspasó las fronteras de Alemania pues fue la base de las traducción danesa de 1524, de la sueca y holandesa de 1528, de la islandesa de 1540 y, por medio de Tyndale, de la Versión Autorizada inglesa de 1611.

Obra maestra

Sin duda ésta fue una, si no la mayor, de las grandes contribuciones del reformador alemán a su patria. La primera edición en septiembre de 1521, en la que no se decía el año, ni el nombre del impresor ni del traductor, fue de tres mil ejemplares y tal fue su éxito que tres meses después hubo que hacer una reedición. Para el año 1553 las ediciones del Nuevo Testamento de Lutero ya eran cincuenta y ocho.

"Todos los que conocían el alemán, nobles y plebeyos, los artesanos, las mujeres, - dice un contemporáneo de Lutero - todos leían el Nuevo Testamento con el más ferviente deseo. Lo llevaban consigo a todas partes; lo aprendían de memoria; y hasta gente sin instrucción se atrevía, fundando en las Sagradas Escrituras su conocimiento, a disputar acerca de la fe y del evangelio con sacerdotes y frailes, y hasta con profesores públicos y doctores en teología."

La traducción de Lutero atendía más al sentido que a la letra, algo en lo cual él sería hoy enteramente actual, pues estaba hecha en un lenguaje tan vivo y tan popular que todos lo entendían. Aunque no hubiera hecho otra cosa, la Biblia de Lutero, supuso un hito tal en la fijación de la lengua germana y en la difusión de la Palabra de Dios, que por sí sola hubiera bastado para darle al reformador fama imperecedera. La terminación de toda la Biblia la llevó a cabo en 1534.

Del trabajo de la misma nos da razón el mismo Lutero:

"Algunas veces nos ha sucedido que durante quince días, y aun tres o cuatro semanas, hemos buscado una sola palabra, e inquirido su verdadero sentido, y tal vez no lo hemos encontrado. Como ahora está en alemán y en lengua fácil, cualquiera puede leer y entender la Biblia, y recorrer pronto con sus ojos tres o cuatro hojas, sin apercibirse de las piedras y tropiezos que antes había en el camino."

La Biblia para Lutero era el libro

"que debe llenar las manos, lenguas, ojos, oídos y corazones de todos los hombres. La Biblia sin comentarios es el sol que por sí solo da luz a todos los profesores y pastores."

La Guerra del Campesinado

Poco después volvió a Wittenberg donde hubo de enfrentar los excesos que Carlstadt, en su ausencia, había provocado. En 1525 tienen lugar dos acontecimientos en la vida de Lutero de signo contrario; el primero es la Guerra del Campesinado, ante la cual el reformador tomó una postura totalmente contraria a los campesinos. 

A pesar de que las peticiones de éstos eran de sentido común: derecho a coger leña de los bosques, abolición de la servidumbre, reducción de los impuestos, cese de los castigos arbitrarios, etc. Lutero reaccionó poniéndose del lado de las autoridades y escribiendo un duro alegato Contra las hordas asesinas y ladronas de campesinos.

Matrimonio de Lutero

El segundo acontecimiento de ese año es su matrimonio.

En el año 1525 Lutero contrajo matrimonio con Catarina von Bohra, quien había sido monja y con otras varias había escapado de su convento y llegado a pedir la protección del iniciador de la Reforma.

En el mismo año 1525 cuando la Reforma estaba bien establecida por una gran parte de Europa. Tomó esta resolución súbitamente, pensando que tal vez no iba a vivir mucho tiempo y que antes de morir deseaba dejar un ejemplo que hiciera patente que los pastores de la Iglesia no tienen ningún obstáculo para fundar hogares honradamente.

Este suceso, como es de suponerse, hizo aún más profundo el abismo que separaba la nueva Iglesia de Lutero de la antigua Romana. Muchos afirmaban que de este matrimonio de un fraile hereje con una monja renegada tenía que nacer el Anticristo.

Al lado de esta mujer, Lutero construyó un hogar marcado por la felicidad conyugal y familiar. Una vez dijo:

"Después de la Palabra de Dios no hay un tesoro más precioso que el santo matrimonio. El mayor don de Dios sobre la tierra es una esposa piadosa, alegre, temerosa de Dios y hogareña, con la que puedes vivir en paz, a la que puedes confiar tus bienes, tu cuerpo y tu vida."

Así como los campesinos ingleses en tiempos de Wycliffe se insurreccionaron contra la nobleza, rebelión debida aunque indirectamente, al espíritu de libertad y de justicia que las doctrinas evangélicas habían sembrado en el pueblo, asimismo en tiempo de Lutero los campesinos alemanes se levantaron contra sus príncipes. 

El gran reformador comprendió que si bien era cierto que aquel movimiento era justo, él no podía engendrar más que la anarquía del país, y por esto, en bien del mismo pueblo, se puso del lado de los príncipes, lanzando sus predicaciones a los rebeldes para que respetaran a las autoridades constituidas, y a éstas para que hicieran justicia. Pero no podía evitar una guerra amarga entre los príncipes y sus súbditos en la cual estos al fin perdieron.

Desde el edicto de Worms (1521) hasta el año 1555, la política del imperio alemán estuvo en una gran incertidumbre. El Emperador Carlos V mantuvo su residencia en España, y es muy natural que por esto no podía gobernar inteligentemente a un país tan lejano como lo es la nación teutónica. Aunque Carlos V es considerado como uno de los monarcas más católico-romanos de la historia, sin embargo la incertidumbre de su política respecto a la Iglesia llegó hasta el grado de apresar al mismo Sumo Pontífice, después de haber atacado a Roma por medio de un ejército que en su mayor parte se componía de luteranos.

En el año de 1529 se reunió en Espira una conferencia con el objeto de arreglar los asuntos religiosos que tan profundamente afectaban el imperio, y en ella se dispuso que en todos los lugares donde ya se había establecido la doctrina evangélica se diera libertad para que continuara, pero que en las regiones donde no se había establecido, se prohibiera en absoluto la propaganda anti-romanista. Los príncipes alemanes evangélicos protestaron contra esta disposición, y esta es la razón histórica por la cual se han denominado «Protestantes» a todos los partidarios de la nueva Iglesia.

La conferencia de Augsburgo en 1530, queriendo zanjar las dificultades que se habían suscitado entre ambos bandos religiosos, atizó más las desavenencias que habían entre ambos, dando lugar como resultado final, a una liga que se formó entre los príncipes protestantes contra la soberanía de Carlos V. A causa de esto comenzó una larga guerra entre este emperador y la alianza de los príncipes referidos.

Además de Alemania, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia e Inglaterra aceptaron la Reforma Evangélica iniciada por Lutero y la liga alemana ensayó a ensancharse en una liga de las naciones protestantes, y por esto se esforzaron para alcanzar una unidad doctrinal entre todos los partidarios de la Reforma.

Desde dos años antes de que Lutero comenzara abiertamente su rebelión contra el poder de Roma había comenzado ya una Reforma independiente en la Suiza bajo la dirección de Zwinglio.

 Este movimiento no estaba en completo acuerdo con el que iba dirigido por Lutero, por tener algunas diferencias doctrinales, y por est o los príncipes interesados organizaron la conferencia de Marburgo entre Lutero y Zwinglio, como principales, juntamente con algunos de sus partidarios. La cuestión principal se refería a la doctrina de consubstanciación que defendía Lutero. Según este después de la bendición sacerdotal había en el pan y en el vino, además de sus propias sustancias, efectivamente el cuerpo y la sangre de Cristo. Zwinglio no quiso aceptar esta doctrina, bajo ningún concepto, y aseguraba que la Santa Cena no era más que una comida simbólica y recordatoria del sacrificio de Cristo.

Así, todos los esfuerzos de los príncipes para asegurar una unidad confesional entre los partidarios de la Reforma, fracasaron, pero los protestantes no dejaron de pelear por sus derechos, junta y separadamente.

En el año 1546 murió Lutero. Los últimos años de su vida habían sido de cuidados y amarguras, pero su muerte fue la de un cristiano que como Pablo, había peleado la buena pelea, había guardado la fe y esperaba el galardón que el Señor, el justo juez, le daría en aquel día.

En el mismo año la guerra que estaba latente entre protestantes y católicos estalló en una realidad desconsoladora. Los protestantes perdieron primero y el emperador dictó leyes provisionales que no gustaron ni a los unos ni a los otros; pero en 1552 los protestantes ganaron una campaña contra el emperador, lo cual le obligó a convocar al fin la dieta de Augsburgo en 1555, en la cual se hizo la paz por la famosa sentencia: «Cujus regio ejius religio», lo cual quería decir que cada príncipe en el imperio alemán tenía que escoger entre el catolicismo y el protestantismo y que sus súbditos tenían que adoptar la religión de sus respectivos príncipes.

 Mientras esto pasaba en Alemania, Calvino estaba sentando la base de la forma calvinista del protestantismo, en Ginebra, ciudad que sirvió como centro para la propaganda reformista en Europa. La rebelión contra Roma, comenzada en Inglaterra en el reinado de Enrique VIII vino a ser bajo Eduardo VI un movimiento abiertamente protestante en sus doctrinas y prácticas.





En cuanto a Francia, la propaganda de la Reforma se desarrollaba, a pesar de las persecuciones rigurosas de que era objeto. En Italia y en España, también habían aparecido unos destellos de la nueva luz, pero pronto fueron apagados por la Iglesia, antes de que alcanzaran grandes proporciones.

Así pues, Lutero tuvo la dicha de ver a más de media Europa conmovida por la Reforma de que él había sido tan importante y elocuente medio; y el éxito alcanzado para la restauración de la verdad evangélica se debe, después de Dios, a su valor, fe y perseverancia.

En 1546 murió en Eisleben, la aldea en la que había nacido, confesando hasta el último momento la fe que había predicado.
















VER: Lutero

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