jueves, 5 de febrero de 2015

SIONISMO

Símbolo del








Sionismo
m. Ideología y movimiento de los judíos que pretenden recobrar el territorio de Palestina y formar un Estado independiente.

Ejemplo: El sionismo defiende la expansión del Estado de Israel hacia las zonas limítrofes.


Su nombre procede de Sión, la colina sobre la que se erigía el Templo de Jerusalén y que más tarde se convertiría en el símbolo de la propia ciudad. El filósofo judío de nacionalidad austriaca Nathan Birnbaum fue quien aplicó por primera vez el término sionismo a este movimiento en 1890.

HISTORIA

El sionismo tuvo su origen como movimiento político organizado en el siglo XIX, pero sus raíces se remontan al siglo VI a.C., cuando los judíos fueron deportados de Palestina e iniciaron la denominada cautividad de Babilonia; sus profetas les instaron a creer que un día Dios les permitiría regresar a sus territorios palestinos, la Eretz Israel (Tierra de Israel). 

Con el paso de los siglos, e iniciada ya la diáspora del pueblo judío, éste asoció la esperanza del regreso con la venida del Mesías, que habría de ser un salvador enviado por Dios para liberarles. Algunos judíos, por propia iniciativa, emigraban a Palestina para unirse a las comunidades judías que seguían viviendo allí, pero continuaron siendo una pequeña minoría en medio de una población mayoritariamente árabe.

LA HASKALÁ Y EL MOVIMIENTO POR LA ASIMILACIÓN

No pudo surgir un sionismo secular hasta que la vida judía propiamente dicha no estuvo en cierto modo secularizada. Este proceso se inició en el siglo XVIII con la Haskalá (Ilustración), movimiento inspirado en la Ilustración europea e iniciado por el filósofo judío alemán Moses Mendelssohn.

La Haskalá marcó el comienzo de un movimiento que se separaba del judaísmo tradicional ortodoxo y creaba la necesidad de un sentimiento nacional judío que sustituyera a la religión como fuerza unificadora. En un principio, sin embargo, la tendencia fue de asimilación a la sociedad europea. En Alemania, el movimiento liberal para la reforma judía intentó reducir el judaísmo a una denominación religiosa, dejando a los judíos que adoptaran la cultura alemana. 

La obtención de la igualdad política por parte de los judíos europeos se inició en Francia en 1791 durante la Revolución Francesa y se extendió a casi toda Europa en las décadas sucesivas.

LA APARICIÓN DEL ANTISEMITISMO MODERNO

La emancipación política, no obstante, resultó ser un falso comienzo. En la segunda mitad del siglo XIX tanto en Alemania como en el Imperio Austro-Húngaro surgieron partidos antisemitistas organizados. 

En Rusia, donde la emancipación había sido superficial, el asesinato del zar Alejandro II en 1881 desencadenó una ola nacionalista que provocó disturbios antijudíos (pogromos) en todo el país. Para los judíos rusos los pogromos de 1881 fueron un punto tan decisivo como lo había sido la Revolución Francesa para los judíos franceses.

Para escapar de la persecución, muchos judíos rusos emigraron, en especial a Estados Unidos y Argentina. Un número menor, que creía que los judíos que vivían en la diáspora estaban destinados eternamente al papel de chivos expiatorios y pensaba que sólo estarían seguros en una patria propia, se dirigió hacia Palestina, que por aquel entonces estaba bajo dominio turco. 

Recibieron ayuda económica del filántropo judío francés barón Edmond de Rothschild, pero muchos no perseveraron en su empeño, y la importancia de esta primera inmigración judía fue insignificante.

LOS PROPULSORES DEL SIONISMO

A mediados del siglo XIX, dos rabinos ortodoxos europeos, Yehudá Alkalai y Tzeví Hirsch Kalischer, adaptaron la creencia tradicional en el Mesías a las condiciones modernas, afirmando que eran los propios judíos los que debían preparar el camino para su llegada. 

En 1862 el judío alemán socialista Moisés Hess, inspirándose en el movimiento nacionalista italiano, publicó Rom und Jerusalem (Roma y Jerusalén), libro en el que rechazaba la idea de la asimilación a la sociedad europea y donde insistía en que la esencia del problema de los judíos radicaba en la falta de una patria.

LA FUNDACIÓN DEL MOVIMIENTO SIONISTA.


En 1896 Theodor Herzl, periodista judío austriaco, publicó un pequeño libro llamado Der Judenstaat (El Estado judío), en el que analizaba las causas del antisemitismo, a la vez que sugería su solución: la creación de un Estado judío. Aunque Herzl fue recibido por el emperador alemán Guillermo II y por el sultán otomano Abdülhamit II, no consiguió que éstos apoyaran su causa, como tampoco logró que los judíos ricos reunieran el dinero necesario para respaldar su proyecto.

En 1897, Herzl organizó en Basilea (Suiza) el I Congreso Sionista, al que asistieron casi 200 delegados. El Congreso formuló el Programa de Basilea, que se convirtió en la plataforma programática del movimiento sionista, al determinar que el fin del sionismo era la creación “para el pueblo judío de un hogar en Palestina garantizado por el derecho público”. 

El Congreso fundó también la Organización Sionista Mundial (OSM), la cual estaba autorizada a establecer delegaciones en todos los países que contaran con una población judía considerable.

Tras no lograr del sultán turco una carta de derechos, Herzl dirigió sus esfuerzos diplomáticos hacia Gran Bretaña, pero el ofrecimiento británico de investigar la posibilidad de una colonización judía en el este de África —el llamado Plan Uganda— casi provocó una escisión en el movimiento sionista. Los sionistas rusos acusaron a Herzl de traicionar el programa sionista. Aunque Herzl se reconcilió con sus detractores, murió poco después, totalmente desalentado. 

Cuando el VII Congreso Sionista (1905) rechazó el plan del este de África, Israel Zangwill formó la Organización Territorial Judía, cuyo fin era buscar cualquier territorio que fuera adecuado para la colonización judía. Sin embargo, la organización de Zangwill nunca contó con muchos seguidores y desapareció tras la muerte de éste.

VARIEDADES DEL SIONISMO

El sionismo ha generado un gran número de ideas e ideologías diferentes. Los sionistas culturales, cuyo principal portavoz fue el escritor ruso Ahad Ha-am, subrayaban la importancia que tenía convertir a Palestina en un centro para el crecimiento espiritual y cultural del pueblo judío. Otra variedad del sionismo fue elaborada por A. D. Gordon, quien escribió y practicó la “religión del trabajo”, concepto tolstoiano que concebía que la unión del pueblo y de la tierra se lograba trabajando el suelo.

Los sionistas socialistas intentaron dar una justificación marxista al sionismo. Los judíos necesitaban un territorio propio en el que establecer una sociedad normalmente estratificada y donde pudieran iniciar una lucha de clases para así acelerar la revolución. 

Los experimentos sociales realizados en materia de agricultura cooperativa desembocaron en la creación de un fenómeno exclusivamente sionista: el kibutz, comuna de carácter igualitarista y colectivo que proporcionó la estructura política, cultural y militar del Yishuv (asentamiento), antes del establecimiento del Estado de Israel y durante muchos años después.

Los sionistas religiosos consideraban que su fin era dirigir la regeneración nacional de los judíos hacia caminos más tradicionales, pero se ha criticado a aquellos partidos religiosos que compartían la autoridad política por comprometer sus creencias a cambio de los atractivos materiales del poder.

EL SIONISMO EN EL SIGLO XX

Los dos mayores logros del sionismo durante este siglo fueron el compromiso del gobierno británico para establecer una patria judía en Palestina, propósito recogido en la Declaración Balfour de 1917, y el propio establecimiento del Estado de Israel en 1948.

Durante la I Guerra Mundial, los británicos se granjearon la amistad de los sionistas para asegurarse el control estratégico de Palestina y obtener el apoyo de los judíos de la diáspora a la causa aliada. La Declaración, contenida en una carta dirigida por el secretario de Asuntos Exteriores Arthur James Balfour a un líder sionista británico, aprobaba el establecimiento en Palestina de una “patria para el pueblo judío”. Dado que Palestina había pasado del control turco al británico, esto proporcionaba a los sionistas la carta de derechos que habían estado buscando.

EL PERIODO DE ENTREGUERRAS

Chaim Weizmann

El dirigente sionista y científico Chaim Weizmann, de origen ruso y nacionalizado británico en 1910, se trasladó a Palestina en 1934. Catorce años después encabezó el gobierno provisional israelí y en 1949 se convirtió en el primer presidente del nuevo Estado de Israel, cargo que mantuvo hasta su muerte, en 1952.

Después de la I Guerra Mundial el sionismo sufrió dos fuertes reveses. El nuevo régimen soviético impidió que los judíos rusos, que habían sido la fuente tradicional de emigración sionista, abandonaran el país.

 Además, se produjo una disputa entre el líder del sionismo estadounidense, el juez Louis Brandeis, y el doctor Chaim Weizmann, el hombre que había logrado la Declaración Balfour. En la disputa entraban en juego no sólo asuntos personales, sino también un debate ideológico sobre el futuro del sionismo. 

El ‘sionismo sintético’ de Weizmann, que defendía tanto la lucha política como la colonización, venció a la postura pragmática de Brandeis, que se concentraba en la colonización sin hacer ninguna referencia a una futura categoría de nación. Weizmann se erigió en líder indiscutible, pero esto produjo el abandono de Brandeis y su grupo, y hasta la II Guerra Mundial los judíos estadounidenses dirigieron la mayor parte de su labor filantrópica a ayudar a los judíos europeos antes que a Palestina.

En 1929, Weizmann estableció la Agencia Judía para Palestina, una organización más amplia que aprovechaba la ayuda financiera de los judíos que deseaban ayudar a sus hermanos de Palestina, pero que no comulgaban con los fines políticos del sionismo.

Durante el periodo del mandato británico (1920-1948), el Yishuv pasó de 50.000 a 600.000 habitantes. La mayoría de los nuevos inmigrantes eran refugiados que habían escapado de la persecución nacionalsocialista alemana que tenía lugar en Europa. En 1935, un grupo revisionista encabezado por Ze’ev Vladimir Jabotinsky se separó del movimiento sionista y formó el Nuevo Partido Sionista.

Durante el final de la década de 1930, Jabotinsky, que abogaba por la existencia de un Estado judío a ambos lados del río Jordán, se dedicó a una infructuosa campaña para conseguir la evacuación masiva de los judíos europeos hacia Palestina.

La coexistencia con la población árabe de Palestina se fue convirtiendo en un problema cada vez más difícil de solucionar. Los frecuentes disturbios ocurridos en la década de 1920 culminaron en una rebelión a gran escala que se extendió desde 1936 hasta 1939.
El movimiento sionista adoptó varias posturas, entre las que se contaban la de Judas León Magnes, presidente de la Universidad Hebrea de Jerusalén (que defendía la fundación de un Estado conjunto árabe-judío) y la del futuro primer ministro israelí David Ben Gurión (que argumentaba que el acuerdo con los árabes sólo podría producirse partiendo de una posición judía de fuerza, una vez que el Yishuv se hubiera convertido en mayoría).

Por lo que respecta a los sionistas socialistas, se produjo un profundo conflicto ideológico entre el ideal marxista del internacionalismo, que obligaría a la cooperación con los trabajadores árabes, y el fin nacional, dirigido a consolidar una nueva clase obrera judía en Palestina.

EL LIBRO BLANCO

En vísperas de la II Guerra Mundial, el gobierno británico cambió la política que venía realizando en el tema de Palestina en un intento de apaciguar al mundo árabe. El Libro Blanco de mayo de 1939 daba por terminado el compromiso británico con el sionismo y contemplaba el establecimiento de un Estado palestino en un plazo de diez años. La mayoría árabe de Palestina quedaba garantizada en una cláusula que recogía la inmigración de otros 75.000 judíos durante los cinco años posteriores, después de lo cual serían los propios árabes los que estipularan cualquier entrada adicional.

El Libro Blanco de 1939 rompió la tradicional alianza británica con el sionismo y provocó muchas protestas violentas en el Yishuv. En mayo de 1942, los líderes sionistas reunidos en el Hotel Biltmore de Nueva York exigieron la creación de una Comunidad Democrática Judía, es decir, un Estado que abarcara toda la parte occidental de Palestina como parte del nuevo orden mundial surgido después de la guerra. 

El llamado Programa Biltmore marcó un punto de partida radical en la política sionista. El Holocausto, el asesinato sistemático de judíos europeos a manos de los nazis, acabó por convencer a los judíos occidentales de la necesidad de fundar un Estado judío. 

En 1944, el Irgún Tzevaí Leumí (Organización Militar Nacional), una fuerza guerrillera sionista encabezada por el futuro primer ministro israelí Menajem Beguin, inició una revuelta armada contra la dominación británica en Palestina. Tanto oficiales como soldados británicos, además de árabes palestinos, fueron objeto de atentados terroristas.

EL ESTADO ISRAEL

En 1947, Gran Bretaña acudió a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en busca de asesoramiento. El 29 de noviembre de ese mismo año, la ONU adoptó un Plan de Partición que proyectaba la división de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, con Jerusalén como zona internacional bajo su jurisdicción. La aprobación de esta resolución generó las protestas árabes. Se produjeron ataques contra los asentamientos judíos, que pronto adquirieron las dimensiones de una auténtica guerra. 

Gran Bretaña permaneció al margen de este conflicto, en tanto que tenía el firme propósito de abandonar los territorios palestinos antes del 1 de agosto de 1948, fecha en la que el Plan de Partición establecía el fin de su mandato. Ante este hecho, los líderes del Yishuv decidieron llevar a cabo la parte del Plan que tenía como finalidad establecer un Estado judío. 

En la medianoche del 14 de mayo de 1948, el Consejo Provisional (antiguo Consejo Nacional), en representación del pueblo judío de Palestina y del movimiento sionista mundial, proclamó en Tel Aviv el establecimiento del Estado de Israel.

Éste debía su existencia a un cúmulo único de circunstancias: la simpatía del mundo occidental por el sufrimiento judío, la influencia política de los judíos estadounidenses al asegurarse el apoyo del presidente Harry S. Truman; la pérdida de interés por parte de Gran Bretaña por continuar su mandato en Palestina y, quizás principalmente, por la determinación y habilidad del Yishuv para establecer y aferrarse a su propio Estado.

La finalidad del sionismo durante los primeros años posteriores al establecimiento del Estado de Israel pareció quedar clara: consolidar y defender a Israel y explicar y justificar su existencia. Sin embargo, las relaciones entre el nuevo Estado y los sionistas resultaron ser problemáticas. 

El primer ministro israelí David Ben Gurión insistía en que aquellos líderes sionistas que escogieran permanecer en la diáspora no podrían participar en la toma de decisiones de Israel, aún cuando Israel pudiera deber su existencia a la influencia de éstos. Ben Gurión mantenía también que, ahora que existía el Estado judío, la única finalidad del sionismo debía ser la aliyá (‘subida’ o ‘establecimiento’ en Israel) personal.

Nahum Goldmann, jefe de la OSM desde 1951 hasta 1968, sostenía que el sionismo debía también alimentar y preservar la vida judía en la diáspora. Los sionistas estadounidenses, en especial el rabino Mordecai Menajem Kaplan, fundador del judaísmo reconstruccionista, pidieron una redefinición del judaísmo y alertaron contra los peligros que supondría la creación de un cisma entre los judíos de Israel y los de la diáspora.

En 1968, el Programa Jerusalén (adoptado por el Congreso Sionista celebrado en Jerusalén ese mismo año) convirtió la aliyá en condición indispensable para pertenecer a cualquier grupo sionista, pero en la práctica el nuevo programa sólo supuso pequeños cambios.

Durante la década de 1970, muchas de las actividades sionistas se dirigieron hacia los judíos soviéticos, que finalmente obtuvieron la autorización para emigrar, aunque de forma restringida. Una vez más surgieron diferencias entre las agencias de ayuda sionista y judía acerca de si la emigración a Israel era la única opción que se podía ofrecer a los judíos soviéticos. A finales de la década de 1980 se produjo una ola de emigración masiva de los judíos soviéticos a Israel.

Los estados árabes y sus partidarios tildaron repetidamente al sionismo de ‘instrumento imperialista’. En 1975, la ONU adoptó una resolución que equiparaba al sionismo con el racismo.

En 1991, su Asamblea General revocó esta resolución por 111 votos contra 25. Por su parte, los sionistas han insistido en que su movimiento nunca ha rechazado la autodeterminación del pueblo árabe y que el significado fundamental del sionismo ha sido la liberación nacional del pueblo judío.

En la actualidad el sionismo se basa en el apoyo inequívoco a dos principios básicos: la autonomía y seguridad del Estado de Israel y el derecho de cualquier judío a establecerse allí (la llamada Ley del Retorno), principios que juntos proporcionan la garantía de una nacionalidad judía a cualquier judío que la necesite.

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