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viernes, 13 de junio de 2025

"LA TRISTEZA Y LA FURIA"

"LA TRISTEZA Y LA FURIA" - Jorge Bucay

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber porqué- se baño rápidamente y mas rápidamente aun, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.



Del libro de Jorge Bucay: “Cuentos Para pensar” 

Concluyendo: El cuento de Jorge Bucay - "La tristeza y la furia". Es una reflexión sobre cómo a veces la furia puede ser un disfraz para la tristeza, y viceversa. La idea central es que, al explorar nuestras emociones, podemos descubrir que detrás de una expresión aparentemente extrema, como la furia, puede haber un sentimiento más profundo y vulnerable, como la tristeza.

La ira o la rabia es el guardaespaldas de la tristeza. Por eso cuando vemos gente tan enfadada con la vida o tan iracunda en su día a día, en realidad sólo guardan tristeza dentro. El dolor y la rabia están más unidos de lo que pensamos. Y muchas veces no sabemos gestionar esos dos sentimientos, porque, es muy difícil entender que van unidos. 

Y una de las cosas que peor llevamos los seres humanos es mirarnos dentro y darnos cuenta de que a veces existe una tristeza tan profunda que hay que asumir. Y como no lo hacemos lo externalizamos con rabia y con furia e ira. Lo bueno que tiene, es que existe un proceso de sanación para que esos dos sentimientos se conviertan en algo mucho mejor.

 "Sanar es un proceso extremadamente difícil, porque es una batalla constante entre tu niño interior, que está asustado" refleja la dificultad de la sanación, especialmente cuando involucra heridas emocionales de la infancia. Tu adolescente interior que está enfadado, y sólo quiere justicia y tu yo actual, que solo está cansado y quiere paz.

El niño interior, vulnerable y con miedo, puede resistirse al proceso de curación y requiere paciencia, comprensión y cuidado para poder sanar. 

Las heridas de la infancia no son tu culpa, pero sí son tu responsabilidad si quieres vivir en plenitud y armonía contigo y todo lo que te rodea. Te voy a llevar de la mano para entender las causas de esas heridas y que juntos construyamos tu nueva versión. Abraza y sonríele a tu niño o niña interior, porque hoy inicia el proceso para dejar sus heridas atrás.


No olvidemos que la adolescencia es nuestra segunda oportunidad para poder convertirnos en la persona que venimos a ser. Y como madres y padres (adultos) es nuestra ÚLTIMA oportunidad para poder dar y ofrecer a nuestros adolescentes lo que legítimamente necesitan de nosotros. .

  «La tristeza», nos llama a reflexión, es un grito del cuerpo para que nos demos cuenta de nuestra realidad, de aquello en lo que nos estamos convirtiendo. 

Cuando nos sentimos tristes, nuestro cuerpo responde liberando hormonas del estrés, como el cortisol, que, en exceso, pueden afectar negativamente a nuestro sistema inmunológico, cardiovascular y digestivo. Es lo que se llama somatización de los sentimientos.

Es difícil sanar ese tipo de sentimientos, sobremodo cuando, tanta tristeza y tanta rabia se unen, pero es posible. Solo hay que mirar un poco más, cuál es el traje que lleva la rabia o cuál es el traje que lleva la tristeza. Para poder identificar ese sentimiento y poder tratarlo desde la raíz.

 Algo que veremos que en muchas ocasiones sucede, es que las emociones suelen aparecer de dos en dos. Dos emociones pueden vivirse en nosotros sin que ello, a priori, suponga un conflicto. Por ejemplo, yo puedo sentirme triste y a la vez enfadado/a y conciliar las dos emociones en mí de tal modo que cada una de ellas pueda tener un espacio y su correspondiente expresión.

Sin embargo, otras veces lo que sucede es que superponemos una emoción con la otra. En este caso, la emoción que queda debajo acostumbra a ser una emoción que reprimimos, censuramos y que en definitiva, nos cuesta más de expresar. 

Así que nos ponemos el disfraz de la que nos resulta más cómoda (porque tal vez de pequeños en casa aprendimos que una determinada emoción era mejor vista que otra) y así nuestra respuesta emocional aparece en forma de rabia, cuando a lo mejor lo que nos pasa es que estamos tristes, o en forma de tristeza, porque resulta que nos cuesta enormemente sentir y/o expresar el enfado.

Sin embargo, que sea una emoción más cómoda para nosotros no significa que sea lo que mejor nos vaya.

Por ejemplo, yo puedo estar necesitando decir “no” a las horas extras que mi jefe continuamente me solicita. Cuando esto sucede, accedo y acto seguido me siento triste y sin energía, cuando puede que lo que haya de fondo y me cueste reconocer sea el enfado por sentirme poco respetada/o en relación a mi tiempo libre. Precisamente ese enfado puede que sea el que me ayude a poner el límite y decir “no”.

O bien, cómo  expresar la rabia o la furia cuando discuto con mi pareja y en el fondo sentir tristeza por no sentirme valorado/a por él o por ella.

Estas emociones pueden ser disfraces en cierto modo cómodos y conocidos para nosotros pero que esconden la emoción primaria y de base. Aquella emoción cuya expresión de algún modo nos libera y nos orienta hacia lo que necesitamos.

En psicoterapia resulta de suma importancia poder tomar conciencia de cuál es la emoción subyacente y que está queriendo expresar. Identificar y dar espacio a su expresión nos acerca más a nosotros mismos y a nuestras necesidades. Más contacto con lo que nos pasa, es el primer paso para poder relacionarnos de un modo más saludable con nosotros mismos y con nuestro entorno.






FUENTE: Psicogestaltbcn  //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla