lunes, 14 de diciembre de 2015

EL SULTÁN OTOMANO - SOLIMÁN EL MAGNÍFICO

Altivo pero reservado, ambicioso y a la vez hábil diplomático, Solimán gobernó el Imperio otomano en su época de mayor esplendor, cuando cada primavera Europa temblaba ante sus ejércitos.

Suleiman nació en Trabzon, en la actual Turquía, seguramente el 6 de noviembre de 1494. A los 7 años fue enviado a estudiar ciencias, literatura, teología y tácticas militares en las escuelas del Palacio Topkapi en Estambul. De joven trabaría amistad con Pargali Ibrahim Pasha, un esclavo que más tarde sería uno de sus consejeros de mayor confianza.


A los 17 años fue nombrado gobernador de Estambul, y más tarde de Sarukhan (Manisa) con un breve periodo en Edirne (Adrianópolis). En el periodo que pasó en Manisa hasta su coronación, el sultán ganó experiencia en la administración. Atormentado por los bandidos, Suleiman restauró la ley y el orden en la provincia, proceso durante el que adquirió la experiencia legislativa que más tarde le daría el nombre de Kanuni o legislador.


A los 26 años de edad, Suleiman heredó el título de califa tras la muerte de su padre Selim I (1515-20) y empezó a gobernar el poderoso Imperio Otomano, que siguió expandiendo hasta su muerte, 46 años más tarde


 30 de septiembre de 1520, Solimán Khan se subió a una embarcación dorada de 36 remos y se sentó en la popa, entre cojines de terciopelo, telas de seda y algunos eunucos blancos que permanecían de pie frente a él. Poco después, la embarcación navegaba veloz sobre las aguas del Bósforo para entregarlo para siempre a la historia: a los 26 años, tras la muerte de su padre Selim I, Solimán se convirtió en sultán de los otomanos.


El tercer día de la ceremonia de su coronación se dirigió a su pueblo ataviado con un rico vestido de oro, adornado con perlas y diamantes, luciendo en la cabeza un altísimo turbante decorado con una corona de piedras preciosas y con varios penachos compuestos de plumas de garza real, que simbolizaban las diversas partes del mundo sometidas al sultán. Su vida y su destino se ponían bajo el signo del diez, el número de la fortuna para los turcos.

Solimán vivió una juventud tranquila, pero marcada por el rigor de su severo padre, que lo preparó para su deber futuro. En los palacios de Estambul, la maravilla del mundo, la ciudad ideada y creada para la soberanía, aprendió tanto el uso de las armas como el conocimiento de las letras. Se educó en compañía de los pajes de origen cristiano que algún día se convertirían en sus visires, sus pachás, sus generales y sus gobernadores.

Una presencia majestuosa

De estatura superior a la media y miembros bien proporcionados, Solimán era de tez morena, con una frente amplia y unos ojos negros un poco saltones, cejas prominentes, nariz aguileña y boca bella pero no sensual, labios finos y poblado bigote.

Con su porte altivo y reservado y su inteligencia vivaz y reflexiva, Solimán era un hombre más proclive a la meditación y al juicio que a las decisiones repentinas. La crueldad que había caracterizado a su padre, Selim I el Inflexible, reforzó en Solimán, como reacción, su amor a la justicia y la paz, y también su gran necesidad del afecto de su familia y amigos, por lo que amó intensamente a Mustafá, su hijo primogénito, a Ibrahim, su amigo de siempre, su brazo derecho y uno de sus grandes visires, y a Roxelana, la favorita de su harén, que se convirtió en su esposa. 


Roxelana una mujer con poder en el Imperio otomano

Aunque el dominio del Imperio otomano era dominado por hombres, una mujer había tenido poder en el imperio, del círculo interno del sultán e influenciando con éxito el futuro del sultanato. Esta mujer era Roxelana.

La esposa de Suleyman era conocida como Roxelana en Europa y Rossa en Estambul. Ella era una esclava ucraniana que probablemente fue capturada en Cáucaso y tomada al mercado de esclavas en Estambul dónde fue comprada para el harén del sultán.

El harén del sultan Suleyman, así como la mayoría de los gobernantes otomanos tenía cuatro esposas. Una de estas mujeres seria la futura madre del heredero del sultán - y había también aproximadamente 300 otras concubinas. Como Roxelana, la mayoría de las mujeres en el harén del sultán eran esclavas que fueron regaladas al sultan, compradas, o capturadas en la guerra por los Otomanos. Casi todas ellas eran cristianas.

Su nombre es derivado de la palabra "Rus", aplicado a los ucranianos y rusos (los moscovitas) del siglo 16. Los historiadores eslavos localizan su casa original en el pueblo de Rohatyn que está localizado hoy en Ucrania occidental, pero era parte de Polonia en el siglo 16. Lo ucranianos eran conocidos como "Rutenianos" también derivado de la misma raíz "Rus".

Llegando al harem, Roxelana fue colocada en la más baja posición, pero elevó su status rápidamente. Ella ganó el apodo de Khourrem que significa "aquella que Risa", debido a su bueno humor y habilidades de narración de cuentos. Ella llegó pronto a ser la favorita del sultan Suleyman y lo acompañaba en varias ocasiones públicas. Este tratamiento especial encolerizo a la esposa de Suleyman llamada Gulfem cuyo hijo Mustafa sería el próximo heredero del trono otomano.





Roxelana usó su influencia con el sultán y expulsó Gulfem y Mustafa para una provincia lejana del Imperio en 1534. Roxelana quedose embarazada de Suleyman poco después de esto y esperó que su hijo reemplazaría Mustafa como el heredero del sultan Suleyman.

Luego, Roxelana convenció el sultán Suleyman que su Gran Vizier llamado de Ibrahim - que era también la mano derecha del sultán, que él era un traidor y que estaba haciendo planes para usurpar el poder del imperio. Ibrahim que había se opuesto abiertamente contra el enlace de Suleyman con Roxelana y que tenía mucho poder en el imperio fue asesinado en 1536.

Con sus obstáculos principales removidos, Roxelana tenía la posición de esposa principal en el harén, así como ministra del sultán.

Haren del palacio de Topkapi

Entonces, - ella convenció el sultán a que se casara con ella. La ley islámica permite que un sultán tenga hasta cuatro esposas y tantas concubinas cuanto él pudiera mantener. Hasta Suleyman, ningún otro sultán otomano había se casado.


El matrimonio causó chisme en Europa y en el mundo islámico. Una vez casada, los hijos de Roxelana se volvieron los herederos del trono otomano. Su hijo Selim sucedió el sultán Suleyman en 1566, después de un lucha con su hermano Bayazid que acabó en la muerte de Bayazid en 1561. La propia Roxelana murió en 1558 ocho años antes de su marido, acabando la historia de la muchacha esclava que subió hasta a la posición de sultana.




A pesar de ser un político inmensamente hábil, Solimán carecía del gusto genuinamente oriental por la intriga. Era un estadista que sabía engañar a sus enemigos de manera perfecta y sabía mostrarse implacable e inexorable con los ministros y los subalternos que lo engañaban y que lo decepcionaban.

Pero su debilidad por Roxelana lo llevó a cometer actos de venganza que han acabado empañando su memoria. Tales fueron los casos de su visir Ibrahim, al que finalmente ordenó ejecutar entre rumores de que conspiraba con los cristianos, y de su hijo mayor, Mustafá; Roxelana y el gran visir Rustem desvelaron los supuestos tratos de Mustafá con el sha de Persia, justo cuando Solimán le había declarado la guerra, por lo que el sultán lo llamó a la corte y ordenó a los Mudos, los verdugos encargados de tales menesteres, que lo asesinaran en su tienda.

El gran legislador otomano. Y su  Labor administrativa 

Aclamado como Príncipe y Señor de la Feliz Constelación, César Majestuoso, Sello de la Victoria, Sombra del Omnipotente, Solimán aparecía en las ceremonias públicas como una figura de gran esplendor. Fue así como en 1530, tras 18 días de celebraciones por la fiesta de la circuncisión de sus tres hijos, se empezó a hablar de un emperador con un poder formidable y una incalculable riqueza, y toda Europa se hizo eco del nombre de quien parecía merecer en verdad el título de «Magnífico».

En la historia otomana,  en cambio, Solimán fue recordado como el Legislador, Kanuni. El sultán, en efecto, desarrolló una considerable actividad legislativa y reformadora con el propósito de mantener el orden y asegurar el progreso de su vasto imperio. Pese a ser un musulmán piadoso, Solimán no fue nunca intransigente en materia religiosa, y el conjunto de sus leyes suponía una aplicación moderada del código del Corán.

 Eliminó el vino, puesto que era abstemio, pero no el café, introducido en Estambul en 1554. Puso todo su empeño en regir un Estado fuertemente centralizado, el único imperio internacional que existía en el siglo XVI; de hecho, fue bajo el gobierno de Solimán cuando la Sublime Puerta, como también se llamaba al Imperio otomano, estableció por primera vez relaciones diplomáticas regulares con Estados extranjeros.

 Impulsó importantes reformas, como la del sistema feudal con el que se gobernaba el Imperio, logró que súbditos de veinte pueblos distintos viviesen en armonía, fundó escuelas y concedió bienes a los ulemas, los doctores de la ley. Reformó la administración civil y militar, insistiendo mucho en el deber de la imparcialidad con respecto a todas las clases sociales. No dudaba en destituir y condenar a muerte a los funcionarios corruptos y se ganó el favor popular por los leves impuestos que estableció.
Además de administrador y legislador, Solimán fue también hombre de cultura. Sentía gran interés por las matemáticas y la historia, en particular por las gestas de Alejandro Magno, que conocía a través de los relatos del persa Nizami. Además de turco, Solimán hablaba árabe y persa y entendía el italiano.


Dedicaba mucho tiempo a leer, en particular novelas persas. Amaba la música y poseía discretos conocimientos de astronomía, y, como su antagonista Carlos V, era un apasionado de los relojes y del arte de medir el tiempo.


Solimán fue también un destacado mecenas. Tras la conquista otomana de 1453, Constantinopla no había dejado de ser un gran centro cultural, cosmopolita y abierto al mundo. A la ciudad llegaban toda suerte de hombres ingeniosos, oradores, soldados y expertos en política.


Muchos artistas, también extranjeros, gozaron del favor del sultán. Durante su reinado se produjo un gran florecimiento en el campo del arte y se establecieron las bases de una literatura nacional. A las importantes y soberbias obras de Sinan, el más insigne arquitecto turco del momento, el sultán añadió la restauración de acueductos, vías de comunicación y otras obras públicas.

En todo su imperio no hubo ninguna gran ciudad que no embelleciera de forma más o menos notable. Gracias a su impulso, el esplendor y el prestigio de su imperio sobrevivieron muchos años.

 Impulsado por la venganza y un deseo insaciable de poder, Alexandra manipula sin piedad al sultán para que haga cumplir sus órdenes.

Aunque el Sultán Suleiman fue conocido como el Magnificiente en Occidente, en su Imperio se le llamó Kanuni o «el legislador». Como anota Kinross, «No sólo fue un gran estratega, un hombre de espada, como su padre y su abuelo habían sido antes que él. Se distinguía de ellos en que era también un hombre de pluma. Fue un gran legislador, que destacaba ante los ojos de su gente como un soberano inteligente y un magnánimo exponente de la justicia» La ley del imperio se basaba en la Shari'ah, que, al ser la ley divina del islam, estaba fuera de la jurisdicción del Sultán. Pero un área de la legislación, conocida como el Kanuns (legislación canónica) dependía del deseo del sultán. La Kanuns cubría áreas como la ley criminal, la tenencia de tierras y la tasación. En este contexto Suleiman trató de reformar la legislación para adaptarla a un imperio cambiante.


Suleiman le prestó particular atención a la apremiante situación de los Rayas, cristianos que trabajaban la tierra de los Sipahis. Siu Kanune Raya, o «Código de los Rayas», reformó los impuestos y las tasas a pagar por los Rayas, elevando su estatus hasta el punto en el que los cristianos emigraban a los territorios turcos para beneficiarse de las reformas. Además, Suleiman promulgó nuevas legislaciones criminales, prescribiendo un conjunto de multas para ofensas específicas, así como reduciendo los casos que se castigaban con la muerte o la mutilación. En el área de la tasación, as tasas se impunían a varios bienes y productos, como animales, minas, productos del comercio, importación y deberes de exportación. Además de las tasas, los ofiales que habían perdido su reputación era probable que perdieran sus propiedades a manos del sultán.


La educación fue otra área importante para el Sultán. Las escuelas religiosas adjuntas a las mezquitas obtenían sus fondos de fundaciones religiosas, lo que proporcionaba una educación casi gratis para los muchachos musulmanes, en lo que el Imperio Otomano aventajaba a los países cristianos de la época. En la capital incrementó el número de mektebs (escuelas primarias) a catorce. En ellas se enseñaba a los niños a leer, escribir y los principios del islam. Los niños que deseaban recibir más educación podían entrar en una de las ocho madrazas, que les instruían en gramática, sintaxis, lógica, metafísica, filosofía, estilística, geometría, astronomía y astrología.

 Las madrazas proporcionaban una educación de categoría universitaria, cuyos graduados podían ser imanes o profesores. Los centros educativos solían ser uno de tantos edificios que rodeaban las mezquitas. Otros de estos edificios eran las bibliotecas, reflectorios, fuentes, cocinas y hospitales públicos.


Suleiman fue reconocido como un gobernante justo, que eligió a sus subordinados de acuerdo a su mérito en lugar de por su estatus social o popularidad. El embajador austríaco, Ghiselain de Busbecq, escribió sobre él, «al realizar nombramientos el sultán no presta atención a pretensión alguna por cuestiones de riqueza o rango, ni toma en consideración las recomendaciones de la popularidad; considera cada caso por sus propios méritos y examina cuidadosamente el carácter, la capacidad y la disposición del hombre de cuya promoción se trata». 

Con Suleiman, las leyes Kanun llegaron a su forma final y el código de las leyes pasó a llamarse kanun-i Osmanli, o «leyes otomanas».

Logros militares

Conquistas en Europa

Tras suceder a su padre, Solimán emprendió una serie de conquistas militares, empezando por reprimir una revuelta del gobernador de Damasco en 1521. Solimán hizo preparativos para la conquista de Belgrado al Reino de Hungría—algo en lo que su bisabuelo Mehmed II había fracasado. Su captura fue muy importante para eliminar a los húngaros, que tras las derrotas de los serbios, búlgaros y los bizantinos eran la única fuerza de importancia que podía bloquear su expansión por Europa.

Solimán rodeó Belgrado y empezó a bombardearla gravemente desde una mejana ubicada en el Danubio. Con una guarnición de apenas setecientos hombres y sin recibir ayuda de Hungría, Belgrado cayó en agosto de 1521.

El camino a Hungría y Austria se abrió ante él; sin embargo, Solimán distrajo su atención hacia la isla mediterránea de Rodas, cuya proximidad a Asia Menor y el Levante le había causado muchos problemas al Imperio.

En el verano de 1522, aprovechando la ventaja de la flota que había heredado de su padre, lideró personalmente unos 400 barcos y 100 000 hombres desde Asia Menor a la isla. Tras el sitio de Rodas de cinco meses, en los que se produjeron brutales encuentros, Rodas capituló y Solimán permitió a los Caballeros de Rodas que partiesen, tras lo que establecieron su nueva base en Malta.

Tras el deterioro de las relaciones entre Hungría y el Imperio Otomano, Solimán retomó su campaña en Europa Oriental y el 29 de agosto de 1526 derrotó a Luis II de Hungría (1516-26) en la Batalla de Mohács. La resistencia húngara se desplomó y el Imperio Otomano pasó a ser la potencia más fuerte de Europa Oriental. Tras encontrar el cuerpo inerte de Luis II, Solimán dijo haberlo lamentado.

Tras el hundimiento del reino húngaro afloró una lucha de poder. Algunos nobles húngaros propusieron que Fernando I de Habsburgo (1503–64), gobernador de la vecina Austria y unido a la familia de Luis II por lazos de sangre, fuera el rey de Hungría, citando acuerdos previos de que los Habsburgo ocuparían el trono húngaro si Luis muriese sin herederos.

Sin embargo, otros nobles preferían al noble John Zápolya, que contaba con el apoyo de Solimán, y que no fue reconocido por las potencias europeas cristianas. Se desató un conflicto a tres bandas cuando Fernando trató de imponer su dominio sobre tanta parte de Hungría como fuese posible, lo que resultó en la división del reino en 1541: Solimán reclamó la mayor parte de la moderna Hungría, conocida como Gran Llanura Húngara y tras eliminar la amenaza de Stephen Maylad situó a la familia Zápolya en el gobierno de Transilvania como estado vasallo de su imperio.


Fernando reclamó la Hungría Real, que incluía la actual Eslovaquia, Croacia Occidental y los territorios adyacentes, fijando temporalmente la frontera entre los Habsburgo y los Otomanos.

Bajo el mando de Carlos V y su hermano Fernando, archiduque de Austria, los Habsburgo ocuparon Buda y tomaron Hungría. En 1529 Solimán marchó una vez más por el valle del Danubio, reocupó Buda en el otoño siguiente y sitió Viena. Fue la expedición más ambiciosa del Imperio Otomano y el apogeo de su expansión occidental.


Con una guarnición reforzada de 20 000 hombres los Austrias le infringieron su primera derrota y plantaron las semillas de la rivalidad entre los otomanos y los Habsburgo, que perduró hasta el siglo XX.


Solimán trató de conquistar Viena por segunda vez en 1532, cosechando un nuevo fracaso antes de alcanzar Viena. En ambos casos las expediciones otomanas fueron azotadas por el mal tiempo (que les forzó a dejar atrás equipamiento esencial para los sitios) y se resintieron de tener líneas de suministros muy débiles.


A pesar de la derrota Solimán aseguró al Imperio Otomano un papel de importancia en el panorama político de Europa.


Conquistas en Asia

Tras afianzar las fronteras europeas desvió su atención a la amenaza perenne que representaba el Sha de la dinastía Safavid de Persia. Hubo dos acontecimientos concretos que precipitaron el recrudecimiento de la tensión. En primer lugar el Sha Tahmasp hizo que asesinasen al gobernador de Bagdad, leal a Suleiman, y que fuese reemplazado con un partidario del Sha. En segundo lugar, el gobernador de Bitlis había jurado fidelidad a los safavides. En 1533 Suleiman ordenó a su Gran Visir Igrahim Pasha que liderase un ejército que retomó Bitlis y ocupó Tabriz sin resistencia alguna.

Tras unirse a Ibrahim en 1534 Suleiman se internó en Persia, donde se encontró con que el Sha sacrificaba territorio en lugar de enfrentarse en combate, lo que resultaba en el debilitamiento de las huestes otomanas al cruzar estas duras regiones. El año siguiente, Suleiman e Ibrahim hicieron una gran entrada en Bagdad, ciudad que rindió su comandante, lo que afianzó a Suleiman como líder del mundo islámico y legítimo sucesor de los califas abasíes.

Tratando de derrotar al Sha de una vez por todas, Suleiman se embarcó en una segunda campaña entre 1548 y 1549. Como en la vez anterior, el Sha Tahmasp I evitó la confrontación con el ejército otomano y procedió a retirarse, exponiendo al ejército otomano al duro invierno del Cáucaso.Suleiman abandonó la campaña con las recompensas temporales de Tabriz y Azerbaiyán, la presencia en la provincia de Van y algunos fuertes en Georgia.

En 1553 acometió su tercera y última campaña contra el Sha. Tras perder inicialmente territorios en el Erzurm frente al hijo del Sha, Suleiman contraatacó y recapturó Erzurum, cruzando el Éufrates y devastando partes de Persia. El ejército del Sha prosiguió su estrategia de evitar a los otomanos hasta que se llegase a un estancamiento en el que ningún ejército podía ganar. En 1554 se firmó un acuerdo por el cual Suleiman concluiría sus campañas asiáticas, se devolvería Tabriz pero aseguraría Bagdad, Mesopotamia inferior, las desembocaduras del Éufrates y el Tigris y parte del Golfo Pérsico. el Shah también prometió cesar todas las incursiones en territorio Otomano.

Suleiman se alió con Francisco I de Francia en su lucha con el emperador Carlos V, a quien combatieron en el Mediterráneo (1543). La flota otomana del corsario Jeireddín Barbarroja salió victoriosa en Argel, Túnez y Trípoli (1551). Fracasó en apoderarse de la isla de Malta (1565). En 1535, arrebató Bagdad, Mosul y Tabriz a los persas safávidas e impuso su autoridad en todo el litoral del Yemen hasta Adén y Mascate(1538). Con ello, dominaba todo el mundo árabe con la excepción de Marruecos y algunos emiratos del Golfo Pérsico.

Murió de peste, como muchos soldados de su ejército, durante el sitio de la ciudad húngara rebelde de Szigetvar, cuando la plaza estaba por capitular.

Mediterráneo y Norte de África

Tras consolidar sus conquistas en tierra, Suleiman recibió la noticia de que la fortaleza de Koron ante Andrea Doria, almirante de Carlos V. La presencia española en el Mediterráneo Oriental preocupaba a Suleiman, pues la consideraba un indicativo de la intención de Carlos V de discutir el dominio otomano de la región. Tras reconocer la necesidad de reforzar el papel de la flota turca en el Mediterráneo, Suleiman nombró al excepcional comandante Khair ad Din, conocido en Europa como Barbarroja. Una vez nombrado alimrante en jefe, Barbarroja recibió el encargo de reconstruir la flota otomana hasta igualar el poderío naval del resto de potencias mediterráneas juntas. En 1535 Carlos V obtuvo una importante victoria contra los Otomanos en Túnez, pero en 1536 Francisco I de Francia se alió con Suleiman contra Carlos V. En 1538 la flota española salió derrotada de la Batalla de Preveza de manos de Barbarroja, lo que aseguró el Mediterráneo oriental durante 33 años.


Al este de Marruecos se anexionó grandes extensiones de terreno norteafricano. Los estados berberiscos de Tripolitania, Túnez y Argelia pasaron a ser provincias autónomas del Imperio, y fueron el escenario del conflicto entre Suleiman y Carlos V, cuyo intento de expulsar a los turcos fracasó en 1541. La piratería llevada a cabo desde estos estados pasó a ser parte de las guerras entre los otomanos y España, y la expansión otomana se vio asociada con el dominio naval durante un breve perioso de tiempo. Las naves otomanas controlaban también el Mar Rojo y el Golfo Pérsico hasta 1554, cuando su flota cayó derrotada por la del Imperio Portugués. Los portugueses seguirían batallando contra las fuerzas de Suleiman por el control de Aden, actual Yemen.


Francisco I firmó un tratado de paz con Carlos V en 1538, sin embargo se alió nuevamente con Suleiman en 1542. En 1543 Carlos se alió con Enrique VIII de Inglaterra y forzó a Francisco a firmar la Tregua de Crepy-en-Laonnois. Carlos firmó un humillante tratado con Suleiman para darse un respiro por los enormes gastos de la guerra.


En 1544, cuando España le declaró la guerra a Francia, el rey francés le pidió ayuda a Suleiman, que envió una flota liderada por Barbarroja que salió victoriosa ante los españoles y consiguió recuperar Nápoles. Suleiman le dio el título de Beyler Bey (Commandante de comandantes). Un resultado de esta alianza fue la encarnizada lucha entre Dragut y Andrea Doria, que dejó el Mediterráneo Norte y el Sur en manos musulmanas.


Cuando los caballeros de la Orden de Malta se reasentaron en el Reino de Malta en 1630 sus acciones contra los navíos musulmanes despertaron la ira del emperador otomano, que mandó otro gran ejército para desalojarles. En 1565 invadieron Malta, empezando con el Sitio de malta, que empezó el 18 de mayo y acabó el 8 de septiembre, y está representado en los frescos de Matteo Perez d'Aleccio. Al principio la batalla parecía una réplica de lo ocurrido en Rodas con la mayoría de las ciudades destruidas y la mitad de los Caballeros muertos en combate, pero las fuerzas españolas acudieron en su ayuda, lo que resultó en la pérdida de 30 000 soldados otomanos.


Tras estos acontecimientos Suleiman volvió a concentrarse en Hungría de nuevo. Murió de un ataque durante la Batalla de Szigetvár en Szigetvár, Hungría, (5 o 6 de septiembre de 1566).




Legado

Cuando murió Suleiman, el imperio otomano, con su potencia militar sin rival, riqueza y extensión, era la mayor potencia mundial. Las conquistas de Suleiman pusieron bajo el control del imperio a las principales ciudades musulmanas (La Meca, Medina, Jerusalén, Damasco y Bagdad), muchas provincias balcánicas (llegando hasta las actuales Croacia y Austria) y la mayor parte del norte de África. 

Su expansión por Europa dio a los turcos otomanos una fuerte presencia en la balanza europea del poder. Es más, tal fue el temor que se percibía hacia el imperio otomano durante el reinado de Suleiman que el embajador Busbeck avisó de la inminente conquista de Europa: «En el bando turco están los recursos de un poderoso imperio, una fuerza inigualable, la habituación a la victoria, la resistencia, unidad, disciplina, frugalidad y vigilancia ... ¿Podemos dudar cuál será el resultado?

 Cuando los turcos se hayan asentado en Persia, volarán a nuestras gargantas apoyados por el poderío de todo Oriente; cuán poco preparados estamos, no temo decir».


El legado de Suleiman no fue únicamente en el ámbito militar. El viajero francés Jean de Thévenot, un siglo después, es testigo de la «fuerte base agrícola del país, el bienestar de los campesinos, la abundancia de alimentos básicos, y la preeminencia de la organización en el gobierno de Suleiman». Las reformas administrativas y legales que le dieron el nombre de Dador de Leyes garantizaron la supervivencia del imperio mucho después de su muerte, un logro que «necesitó muchas generaciones de herederos decadentes para deshacerlo».


Mediante su mecenazgo personal, Suleiman también presidió la Edad de Oro del imperio otomano, lo que representa el cénit de los logros culturales de los turcos otomanos en el ámbito de la arquitectura, literatura, arte, teología y filosofía. 

Hoy el horizonte del Bósforo, y de muchas ciudades de la Turquía moderna y la antigua provincia otomana, todavía son adornados con la obras arquitectónicas de Mimar Sinan. Uno de ellos, la Mezquita de Süleymaniye, es el último lugar de descanso de Suleiman y Hurrem Sultan: están enterrados en mausoleos adjuntos a la mezquita.

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