Está dividida en tres actos, que respetan la estructura tradicional de presentación, desarrollo y desenlace. El eje dramático de la ópera se centra en la protagonista, Violetta Valéry.
Acto I
El salón en casa de Violetta
Violetta Valéry, una cortesana, da una lujosa fiesta en su salón de París para celebrar su recuperación de una enfermedad. Uno de los últimos en llegar a la fiesta es Gastón, un conde, que llega acompañado de su amigo, el joven noble Alfredo Germont, el cual hacía tiempo que deseaba conocer a Violetta, pues la adoraba desde lejos.
Mientras pasea por el salón, Gastón le dice a Violetta que Alfredo la ama, y que mientras ella estaba enferma, él la visitó cada día. Alfredo, una vez presentados, le expresa su preocupación por su delicada salud, y luego le declara su amor
El barón, actual amante de Violetta, espera cerca para llevarla al salón donde le piden que haga un brindis, pero él lo rechaza, y la gente se vuelve a Alfredo (Alfredo, Violetta, coro: Libiamo ne' lieti calici — «Brindis»).
Desde la habitación vecina, se escucha el sonido de la orquesta, y los invitados se aproximan para bailar. Mareada, Violetta pide a sus invitados que vayan por delante y la dejen descansar hasta que se recupere.
Mientras los invitados bailan en la habitación próxima, ella ve su palidez en el espejo. Alfredo entra y expresa su preocupación por su frágil salud, y más tarde le declara su amor (Alfredo, Violetta: Un dì, felice, eterea — «El día que te conocí»).
Al principio, Violetta lo rechaza porque su amor no significa nada para ella, pero hay algo en Alfredo que le llega al corazón. Cuando él se marcha, le regala una camelia, y le dice que regrese cuando la flor se haya marchitado. Ella le promete reunirse con él al día siguiente.
Después de que los invitados se han marchado, Violetta analiza la posibilidad de una relación con amor verdadero (Violetta: Ah, fors'è lui — «Quizá sea él»). Finalmente, desecha la idea: necesita ser libre para vivir su vida, día y noche, de un placer a otro (Violetta: Sempre libera — «Siempre libre»). Desde fuera del escenario, la voz de Alfredo se oye cantando acerca del amor mientras baja por la calle.
Acto II
Escena 1: en la casa de campo de Violetta en las afueras de París
Tres meses después, Alfredo y Violetta llevan una existencia tranquila en una casa de campo, en las afueras de París. Violetta se ha enamorado de Alfredo y ha abandonado completamente su estilo de vida.
Alfredo canta su vida feliz juntos (Alfredo: De miei bollenti spiriti — «De mis salvajes sueños de éxtasis»). Annina, la doncella, llega desde París, y, cuando Alfredo le pregunta, le dice que ella fue allí a vender los caballos, los carruajes y todo lo que Violetta posee para apoyar su estilo de vida en el campo.
Al enterarse, Alfredo se siente abrumado y se dirige de inmediato a París para corregir la situación él mismo. Violetta regresa a casa y recibe una invitación de su amiga Flora a una fiesta en París, que será esa tarde.
El padre de Alfredo, Giorgio Germont, llega a la casa y exige a Violetta que rompa su relación con su hijo por el bien de su familia, pues la suerte de su hermana ha sido destruida por su conexión con ella, ya que su reputación como cortesana compromete el nombre Germont (Giorgio: "Pura siccome un angelo" — "Tengo una hija pura como un ángel").
Mientras tanto, él queda impresionado por la nobleza de Violetta, algo que no esperaba de una cortesana. Ella le responde que no puede poner fin a su relación porque lo ama mucho, pero Giorgio le ruega por el bien de la familia. Violetta escucha, con un creciente remordimiento, las patéticas palabras del señor Germont y finalmente se muestra conforme (Violetta, Giorgio: Dite alla giovine — «Di a esa niña tuya») y dice adiós a Giorgio.
En un gesto de gratitud por su bondad y sacrificio, Giorgio la besa en la frente antes de dejarla a solas llorando.
Violetta decide abandonar a su amado, y le deja a Annina una nota para Flora donde le dice que acepta la invitación a la fiesta y, mientras escribe su carta de despedida a Alfredo, entra este. Apenas puede controlar su tristeza y sus lágrimas; le habla repetidamente de su amor incondicional (Violetta: Amami, Alfredo — «Ámame, Alfredo»). Antes de apresurar su partida a París, entrega la carta de despedida a su sirviente, para que se la entregue a Alfredo.
Pronto, los sirvientes le llevan la carta a Alfredo y, tan pronto como la ha leído, Giorgio regresa e intenta reconfortar a su hijo, recordándole a su familia en Provenza (Giorgio: "Di Provenza il mar" — "El mar de Provenza").
Alfredo sospecha que el barón está detrás de su separación con Violetta y de la invitación a la fiesta, que él encuentra en la mesa, fortaleciendo sus sospechas. Decide enfrentarse a Violetta en la fiesta. Giorgio intenta detener a Alfredo, pero él sale apresuradamente.
Escena 2: fiesta en casa de Flora
En la fiesta, el marqués le dice a Flora que Violetta y Alfredo se han separado. Pide a los animadores que interpreten para los invitados (Coro: "Noi siamo zingarelle" — "Somos gitanillas"); (Coro: "Di Madride noi siam mattadori" — "Somos toreros de Madrid"). Gastone y sus amigos se unen a los toreros y cantan (Gastone, coro, bailarines: "È Piquillo, un bel gagliardo" — "Fue Piquillo, tan joven y gallardo").
Para ahogar su pena, Violetta, se consume aún más profundamente en su libertinaje. Llega el barón Douphol. Ven a Alfredo en una mesa de juego. Cuando él la ve, Alfredo proclama en voz alta que se llevará a Violetta a casa con él. Sintiéndose enojado, el barón se acerca a la mesa de juego y se une a él en el juego. Conforme apuestan, Alfredo gana grandes cantidades de dinero hasta que Flora anuncia que la cena está preparada. Alfredo se va con puñados de dinero.
Antes de que Alfredo abandone el salón, Violetta le pide hablar con él. Temiendo que la ira del barón le llevará a desafiar a Alfredo a un duelo, ella amablemente le pide a Alfredo que se marche. Alfredo confunde sus temores y se enfrenta a ella, exigiéndole que admita que ella ama al barón. Dolorida, ella lo admite y, furioso, Alfredo llama a los invitados para testificar lo que él tiene que decir ("Questa donna conoscete?" — "¿Conocéis a esta dama?"). La deshonra tirándole dinero que dice le debe por los servicios prestados mientras vivieron juntos, enfrente de los invitados. Violetta se desmaya abrumada por la enfermedad y la pena. Los invitados riñen a Alfredo: «Vete de una vez, te despreciamos. Has insultado a una noble dama».
En busca de su hijo, Giorgio entra en el salón y, sabiendo el significado real de la escena, denuncia el comportamiento de su hijo (Giorgio, Alfredo, Violetta, coro: "Di sprezzo degno, se stesso rende" — "Digno de desprecio es el hombre").
Flora y las damas intentan convencer a Violetta para que abandone el salón, pero esta se vuelve hacia Alfredo ("Alfredo, Alfredo, di questo cuore non puoi comprendere tutto l'amore" — "Alfredo, Alfredo, no puedes entender todo el amor de este corazón").
Acto III
Algunos meses después de la fiesta, Violetta aparece en la cama debido al avance de la tuberculosis. El doctor Grenvil le dice a Annina que Violetta no vivirá mucho puesto que su enfermedad ha empeorado. A solas en su habitación, Violetta lee una carta del señor Germont, en la que le dice que el barón sólo fue herido en su duelo con Alfredo; que ha informado a Alfredo del sacrificio que Violetta ha hecho por él y su hermana; y que él envía a su hijo a verla tan pronto como sea posible para pedir su perdón (Violetta: "Teneste la promessa" — "Habéis mantenido la promesa"). Pero Violetta siente que es demasiado tarde (Violetta: "Addio del passato" — "Así se cierra mi triste historia").
Annina se apresura a la habitación para decir a Violetta que ha llegado Alfredo. Los amantes quedan reunidos y Alfredo sugiere que ellos abandonarán París (Alfredo, Violetta: "Parigi, o cara, noi lasceremo" — "Querida, dejaremos París").
Pero es demasiado tarde: ella sabe que su tiempo se ha agotado (Alfredo, Violetta: "Gran Dio! morir sì giovane" — "¡Oh, Dios! Morir tan joven"). El padre de Alfredo entra con el médico, lamentando lo que ha hecho. Después de cantar un dúo con Alfredo, Violetta revive rápidamente, exclamando que el dolor y la incomodidad la han abandonado (Violetta, Alfredo, Germont, Anina, Grenvil: "Prendi, quest'è l'immagine" — "Toma, esta es la imagen de mis días pasados"). Un momento después, ella muere en brazos de Alfredo.
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FIN ---------------------------------------------
Extractos famosos
Acto I
(Alfredo, Violetta: Un dì, felice, eterea — «El día que te conocí»).
Preludio.
"Un dì felice, eterea" — Alfredo y Violetta.
Alfredo: De miei bollenti spiriti — «De mis salvajes sueños de éxtasis»)
"È strano! È strano... Sempre libera degg'io" — Violetta.
Acto II
La Traviata │ Pura siccome un angelo
"De' miei bollenti spiriti" — Alfredo.
"Pura siccome un angelo" — Germont y Violetta.
. "Che fai? / Nulla / Scrivevi?... Amami Alfredo" — Alfredo y Violetta.
. "Di Provenza il mar, il suol" — Germont.
. "Di Madride noi siamo i mattadori" — Coro.
Giorgio: "Di Provenza il mar" — "El mar de Provenza"
Verdi 1853 Traviata 2A Amami Alfredo
Zingarelle e Matador
Gastone, coro, bailarines: "È Piquillo, un bel gagliardo" — "Fue Piquillo, tan joven y gallardo"
"Questa donna conoscete?" — "¿Conocéis a esta dama?"
Di sprezzo degno, se stesso rende" — "Digno de desprecio es el hombre
Alfredo llega airado a la fiesta en casa de Flora y humilla, ante los invitados, a Violetta creyendo que la marcha de su amada se debe a estar con otro hombre(el barón Douphol).
El padre, Giorgio Germont, se teme que su hijo va a provocar un problema serio y acude también a la fiesta e irrumpe para recriminarle el gesto(Disprezzo degno) en el que se siente dolido por la actuación de Alfredo con Violetta, pues sólo él sabe el sacrificio de ella.
El joven entiende en ese momento el error cruel que ha cometido y siente todo el remordimiento por el daño a la que fue su amada Violetta. Mientras, la cortesana casi redimida por amor, se muestra herida pero, en su interior, sigue queriéndolo hasta más allá de la muerte.
(Dio, dai rimorsi ti salvi allora, io spenta ancora – pur t’amerò…Dios te salve de los remordimientos, incluso muerta te amaré). A su alrededor, ofuscación, rabia y también alivio a la ofendida.
("Alfredo, Alfredo, di questo cuore non puoi comprendere tutto l'amore" — "Alfredo, Alfredo, no puedes entender todo el amor de este corazón"
"Mi chiamaste? Che bramate?" — Alfredo e Violetta.
. "Qui testimon vi chiamo"
Finale
Acto III
"Parigi, o cara" — Alfredo y Violetta.
Violetta: "Teneste la promessa" — "Habéis mantenido la promesa"
Teneste la promessa
Estamos en el acto III. Violetta está muy enferma. En un momento que se queda sola, saca una carta (que imaginamos que se la debía saber de memoria) y la lee. La traducción es la siguiente:
VIOLETTA
«Habéis tenido lo prometido…
¡el duelo ha tenido lugar!.
El Barón fue herido pero mejora.
Alfredo está en el extranjero
pero le he revelado vuestro sacrificio.
El vendrá a vos para pediros perdón.
Yo también iré… Cuidaros…
Os merecéis un futuro mejor.
Giorgio Germont».
(con desesperación)
¡Demasiado tarde!
Después, viene la hermosísima aria Addio del passato.
Versiones de la lectura de la carta
A lo mejor, cuando se oye o se ve la ópera entera, no nos damos cuenta de lo que supone la lectura de esta «inocente» carta que Verdi pusiera en boca de Violetta. Son muchos los matices que ha de tener su voz, algo nada facil.
Recordemos que Violetta está enferma (voz de sufrimiento). En segundo lugar, Violetta está triste (voz de pena). Por último, Violetta está sola, sabe que va a morir y morirá sola (voz de desespero).
Esto, como veremos es muy dificil. En realidad, personalmente, pocas lecturas de la carta me convencen. Es curioso pero frecuente que a lo mejor, tras una lectura de Teneste la promessa bastante deficiente, la soprano cante un Addio del passato de manual.
Addio del passato.
Toscanini lee la carta
El otro día veíamos como Toscanini que conoció personalmente a Verdi, sabía interpretar lo que el maestro quería. A continuación,
lo oiremos leer la carta y acto seguido oiremos como lo hace Claudia Muzio. En otros videos oiremos a grandes sopranos, y veremos como cada una la lee a su manera y ninguna se parece.
Concluyendo: Las versiones cinematográficas de La traviata son:
La traviata (película de 1922) película de 1922 dirigido por Challis Sanderson
La traviata (película de 1983) película de 1983 dirigido por Franco Zeffirelli
La traviata (el título es el original, en italiano, y podría traducirse como la extraviada y por ende la descarriada) es una ópera en tres actos con música de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Francesco Maria Piave –basado en la novela de Alejandro Dumas (hijo) La dama de las camelias (1848)–, estrenada el 6 de marzo de 1853 en el teatro La Fenice de Venecia. Forma, junto con Rigoletto y El trovador, la trilogía popular operística que compuso Verdi a mediados de su carrera.
LA TRAVIATA
Verdi - La Traviata - Fleming, Bruson, Villazón -
La ópera del ESCÁNDALO: La TRAVIATA | Guía y análisis completo.
¿Por qué La Traviata fue tan escandalosa? En este análisis, desentrañamos cómo Verdi transforma una historia de amor y sacrificio en una crítica conmovedora a la hipocresía social. Guía musical y narrativa de La Traviata de Giuseppe Verdi (1813–1901).
“Le Nozze di Figaro” Las bodas de Fígaro es una ópera bufa en cuatro actos, con música de Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 – Viena, 1791) y texto de Lorenzo da Ponte basado en la segunda parte de la trilogía creada por Beaumarchais sobre el personaje de Fígaro.
Fue estrenada en Viena el 1 de mayo de 1786 bajo la dirección del mismo compositor.  Aunque es continuación de los hechos narrados en El barbero de Sevilla, como obra teatral es mucho más compleja, y crítica con el orden social de la época por lo que la versión de Beaumarchais estuvo prohibida.
Al permitir su adaptación como ópera, el emperador José II de Austria dio pruebas de un talante liberal, aunque, por supuesto, se dulcificaron las escenas más violentas de denuncia política y social y se dio al conjunto un tono más festivo que dramático.
Personajes
Fígaro — Criado del Conde — barítono
Susana — Criada de la condesa y novia de Fígaro — soprano
Conde — Conde de Almaviva — barítono
Rosina — Condesa de Almaviva — soprano
Cherubino — Paje — mezzosoprano
Bartolo — Doctor, antiguo tutor de Rosina — bajo
Marcellina — Antigüo amor de Bartolo — soprano
Don Basilio — Maestro de canto — tenor
Barbarina — Hija de Antonio el jardinero — soprano
Don Curzio — Notario — tenor
Antonio — Jardinero, tío de Susana — bajo
Argumento
La acción se desarrolla en España, cerca de Sevilla, en el Castillo del Conde de Almaviva
Susana está probándose un sombrero. Fígaro, que va a casarse con ella, está midiendo la habitación para colocar la cama. Pero Susana insiste en que no se debe colocar la cama en ese cuarto, porque está muy cerca de la habitación del Conde y éste no es de fiar.
Fígaro promete entonces que si el Conde quiere bailar (“Se vuol ballare”), bailará al son que toque Fígaro.
Cuando éste se marcha, entra Bartolo, que en una ocasión fue burlado por Fígaro, y manifiesta su deseo de venganza. Y si Bartolo está disgustado con Fígaro, no lo está menos Marcelina con Susana, ya que también está enamorada de Fígaro.
Las dos mujeres cantan un dueto de fingida cortesía “Via resti servita” (“Acepta mis deferencias”). Después Marcelina sale de escena.
Entra ahora Cherubino, que declara su pasión por la condesa, que en realidad es una pasión de adolescente por lo femenino, como lo pone de manifiesto su canción: “Non so piu” (“Yo ya no sé”).
Se oye ahora la voz del conde y Cherubino (para quien aquel lugar es prohibido) se esconde en una butaca y Susana lo cubre con una bata.
El Conde solicita a Susana, pero pronto ha de esconderse también porque se escucha fuera de la estancia la voz de Don Basilio, un pícaro abbé que es maestro de música y organista del palacio y correveidile para todo tipo de intrigas.
Resulta así que el Conde está escondido detrás de la butaca y Cherubino en ella, cubierto por la bata, mientras que Don Basilio se insinúa a Susana acerca del interés del Conde hacia ella, a la vez que le da a entender el de Cherubino hacia la Condesa.
Sale entonces el Conde de su escondite y lleno de ira dice que va a despedir a Cherubino; de cualquier modo, añade. pensaba hacerlo, por lo que ocurrió hace pocos días: cuando él, el Conde, iba a visitar a una joven llamada Barbarina, al quitar el paño que cubría una mesa descubrió a Cherubino, que estaba allí acurrucado. Al explicar cómo ocurrió y hacer el mismo gesto con la bata que cubre la butaca, aparece Cherubino. El Conde estalla en cólera, sobre todo porque piensa que Cherubino no ha escuchado todo lo que allí se ha dicho; Cherubino. por su parte. trata de disculparse diciendo que ha hecho todo lo posible por no oír nada.
La escena se interrumpe con la aparición de Fígaro. acompañado de un grupo de lugareños, que arrojan flores a los pies del Conde. Fígaro ha venido a pedir a su señor que les una a él y a Susana en matrimonio. El Conde promete hacerlo, pero difiere el momento y dice ahora a Cherubino que debe dejar el castillo y sentar plaza en el regimiento del propio Conde. Fígaro, entonces, advierte a Cherubino sobre lo azaroso de la vida militar que le aguarda y que va a sustituir a sus amorosas correrías: “Non piu andrai, farfallone amoroso” (“Ya no irás, calavera amoroso”).
ACTO II
La Condesa, en su habitación, se lamenta del desvío amoroso de su marido: “Porgi, amor, qualche ristoro” (“Dame, amor, algún remedio”). Entra en escena Susana y dice a la Condesa que el Conde tiene pretensiones sobre ella y entonces las dos urden un plan para chasquearle. Aparece Cherubino y canta a la Condesa una romanza que expresa su adolescente amor por ella: “Voi che sapete che cosa e amor” (“Vos que sabéis qué es el amor?”). Entonces la Condesa y Susana piensan utilizar a Cherubino para realizar su plan, citando al Conde a una entrevista con Susana y enviando en su lugar a Cherubino disfrazado.
A este fin las dos comienzan a vestir a Cherubino. tras cerrar prudentemente primero la puerta de la estancia. Pero entonces se escucha afuera la voz del Conde. Cherubino escapa a otra habitación interior y la Condesa no puede evitar su confusión cuando hace entrar a su esposo. Entretanto también Susana se ha escondido en una alcoba.
La actitud nerviosa de la Condesa aumenta las sospechas que ya tenía el Conde; pero la Condesa insiste en que en la habitación contigua, que está cerrada, solamente está Susana, probándose un traje. El Conde no lo cree y dice que va a buscar herramientas para forzar la puerta, a la vez que obliga a la Condesa a acompañarle para que no pueda abrir al que estuviese oculto.
Mientras los condes están fuera de escena, Susana sale de la alcoba en la que había estado escondida y va a liberar a Cherubino de su escondite, pero al no poder salir del lugar en que están, Cherubino salta por una ventana y Susana entra en la alcoba en la que había estado escondido Cherubino.
Vuelven el Conde y la Condesa.
Ésta. pensando que Cherubino está aún oculto en la habitación contigua se lo dice al Conde y le pide perdón. El Conde, furioso y espada en mano, abre la puerta y aparece Susana para sorpresa, no sólo del Conde, sino también de la Condesa. Cuando se recobra de la impresión. La Condesa dice a su esposo que su “confesión, fue una artimaña para avergonzar al Conde y que, por supuesto quien había estado todo el tiempo en aquella habitación había sido Susana. Avergonzado por sus celos, es ahora el Conde quien pide perdón a la Condesa.
Antonio, el jardinero. tío de Susana, aparece todo enfadado porque alguien saltó desde la ventana y estropeó sus plantas
Fígaro. que ha entrado en escena. dice que fue él quien saltó, pero Antonio le pone en un aprieto al mostrar un papel que se le cayó a la persona que saltó por la venta: el papel es la credencial de Cherubino. Aunque Fígaro dice que Cherubino se lo había dado, porque le faltaba un sello, el Conde no queda convencido.
Ahora se presentan como aliados suyos, en este momento en que duda de Fígaro Marcelina, Bartolo y Basilio quienes plantean ante el conde la demanda de la primera, que pretende que Fígaro se case con ella en compensación de una deuda que no le ha pagado. La complicación de este nuevo caso queda en el aire cuando cae el telón del segundo acto.
ACTO III
Susana, siempre pensando en chancear al Conde, promete a éste en un dueto encontrarse con él en el jardín, aunque alguna confusión entre “sí” y “no” no deja de levanta las sospechas del Conde, sospechas que aumentan porque ha oído el diálogo que Susana, al salir, ha mantenido con Fígaro Y desahoga su ira: “Vedro, mentr'io sospiro, felice il servo mio?”: (“¿Veré feliz a mi criado en tanto que yo sufro?”)
Ahora Marcelina, acompañada por Don Bartolo y Curcio exigen a Fígaro el cumplimiento de su promesa de casarse con Marcelina. Fígaro, entonces, dice que él es de familia noble no puede contraer matrimonio sin la autorización de sus padres.
Como testimonio de la nobleza de su cuna dice que no sólo puede mostrar los finos pañales en los que fue hallado sino también una curiosa señal en su brazo derecho. Al ver la señal, Marcelina, muy excitada, dice que Fígaro es su hijo, desaparecido al poco de nacer y lo que resulta más sorprendente Bartolo es el padre de Fígaro.
Sigue a esto un sexteto de cómica reconciliación; incluso el Conde se ve, en cierto modo, reducido a la impotencia ante el hecho.
Fígaro abraza a su recién encontrada madre, Marcelina. Cuando entra Susana, a quien la Condesa ha dado el dinero de la deuda pendiente de Fígaro con Marcelina, y ve abrazados a la madre y al hijo, desconocedora de lo ocurrido, se dirige airada a Fígaro y le golpea en el rostro.
Marcelina entonces explica a Susana la situación y ésta repite: “Sua madre?” “Suo padre?”: (“¿Su madre? ¿Su padre?”) e insiste en que se lo confirmen.
Salen todos entonces y entra en escena la Condesa, recordando los días de su pasada felicidad: “Dove sono?” (“¿Dónde están?”) y preguntándose si podrá volver a ganar el amor de su esposo.
Sigue pensando en la trama que ha urdido para castigarlo: la falsa cita con Susana, que servirá de trampa, y dicta a Susana una carta para el Conde, ofreciéndole el encuentro; en el “Dueto de la Carta”. Susana repite lo que le dicta la Condesa.
Entra ahora un grupo de campesinas ofreciendo flores a la Condesa; entre ellos está Cherubino disfrazado de mujer. Antonio y el Conde lo descubren, pero entonces Barbarina recuerda que el Conde le había prometido darle lo que pidiera y que Cherubino está disponible.
Ahora Fígaro anuncia que va a comenzar la ceremonia y el baile, y dos parejas felices piden la bendición del Conde: las parejas son Fígaro y Susana, pero también Bartolo y Marcelina, que han decidido unirse en matrimonio.
Mientras se baila el fandango, Susana pasa al conde una notita, la que ella escribió al dictado de la Condesa, fijando una cita para la noche. El plan de la Condesa es que cuando el Conde acuda a la cita se encuentre no con Susana, ni con Cherubino, como se pensó al principio, sino con la propia Condesa, para lo cual Susana y la Condesa intercambian sus vestidos.
En este acto, se prefiere a veces un orden alternativo de números musicales, basados en la conjetura de que Mozart debió utilizar una secuencia de los acontecimientos más lógica (como en la comedia), pero estaba condicionado porque en el reparto original una cantante tenía que hacer dos papeles y no habría tiempo suficiente para cambiar de vestidos.
ACTO IV
En el jardín del palacio Fígaro se encuentra con Barbarina.
El Conde ha confiado a la joven el encargo de devolver a Susana, como confirmación de la cita, el broche que sellaba la nota, pero Barbarina lo ha perdido y anda buscándolo Entonces, Fígaro conoce que Susana va a tener una cita con el Conde, pero ignora el plan que han tomado las mujeres.
Furioso con su esposa, su infiel esposa, piensa él, invita a Bartolo y a Basilio a ser testigos del vergonzoso encuentro de Susana con el Conde. Y ahora les advierte sobre la infidelidad de las mujeres: “Aprite un po quelli occhi” (“Abrid un poco vuestros ojos”).
Cuando Fígaro se retira, entran la Condesa y Susana, cada una disfrazada con la ropa de la otra.
Susana canta su esperanza en las delicias del amor: “Deh vieni, non tardar” (“Oh. ven, no tardes”). Y se da cuenta de que el celoso Fígaro la está viendo.
Comienza ahora el complicado encuentro, complicado aún más porque también Cherubino tiene allí una cita con Barbarina. Cherubino ve a la Condesa.
La toma por Susana e intenta besarla.
Llega en ese preciso momento el Conde y es a él a quien besa Cherubino. y el golpe que el Conde quiere dar a Cherubino lo recibe Fígaro, que también interviene en ese preciso instante.
Ahora el Conde suplica a la que supone que es Susana que le conceda su amor.
Fígaro quiere pagar al Conde con la misma moneda y corteja a Susana, imaginándose que es la Condesa, y cuando Susana olvida el “complot” y no finge la voz, Fígaro la reconoce y le declara su apasionado amor, que llena de furor a Susana, quien no se da cuenta que ha sido reconocida por Fígaro.
Sale Susana de su error y la pareja se abraza apasionadamente, lo que llena ahora de ira al Conde que, naturalmente, confunde a Susana con la Condesa. Cuando se prepara a descubrirlos, aparece la Condesa, con lo que el Conde queda en una violenta situación.
El Conde, en fin, pide excusas y perdón a su esposa, tanto por sus infundadas sospechas como por su mala conducta hasta entonces. La Condesa le perdona y todos comienzan una alegre fiesta que durará toda la noche.
(título original enalemán:Die Zauberflötepronunciado /ˈdiː ˈt͡saʊ̯bɐˌfløːtə/) es unaóperaen dos actos con música deWolfgang Amadeus Mozartylibretoen alemán deEmanuel Schikaneder. La obra tiene forma de unsingspiel, un tipo de ópera popular cantada en alemán, en el que se intercalan partes habladas.
Es la última ópera escenificada en vida del compositor y estrenada en el Theater auf der Wieden de Viena, el 30 de septiembre de 1791 bajo la dirección del propio Mozart, apenas dos meses antes de su fallecimiento.
Argumento:
Acto I
Cuadro I: En las tierras rocosas
Papageno
El príncipe Tamino llega hasta tierras rocosas perseguido por una serpiente gigante. Ha perdido su arma y ruega por su vida hasta que se desmaya («Zu Hilfe! Zu Hilfe!», en español: «¡Ayuda! ¡Ayuda!»). Pero enseguida es salvado por las Tres Damas (Die Drei Damen), que matan al monstruo. Al ver al joven se enamoran de él, pero le abandonan con la promesa de volver de nuevo.
El príncipe Tamino se despierta, aturdido, junto a la serpiente muerta, cuando oye un silbar. Es Papageno, un hombre mitad pájaro y mitad humano, que llega tocando una flauta mágica con una gran jaula a sus espaldas, se le acerca cantando («Der Vogelfänger bin ich ja», «El pajarero yo soy»). Cuando el príncipe Tamino habla con él le pregunta quién es. Es el pajarero de la Reina de la Noche (Die Königin der Nacht), quien le da comida a cambio de los pájaros por vía de sus cortesanas, las Tres Damas. Hablando, el príncipe Tamino es inducido a creer que Papageno mató a la serpiente gigante y lo salvó. En este momento se oye la voz de las Tres Damas que, tras ver que Papageno ha mentido, le dan agua y piedras en vez de comida y le cierran la boca con un candado de oro. Al dirigirse a Tamino, le entregan un retrato de una bella joven y viendo que él no permanece indiferente, le dicen que su destino será entonces fama, honor y felicidad.
En la intimidad, el príncipe Tamino muestra con su canto cuánto le gusta ella («Dies Bildnis ist bezaubernd schön», «Este retrato es encantadoramente bello»). No sabe quién es la retratada, pero sabe que le enamora. Las Tres Damas aparecen ante Tamino y le dicen que la Reina escuchó su canto y ha querido que sea él quien rescate a la princesa Pamina, su propia hija. Es la princesa Pamina, la hija de la Reina de la Noche, y está secuestrada por un demonio llamado Sarastro, que vive en un castillo muy bien vigilado. Entonces, decidido, el príncipe Tamino se propone salvar y liberar a la princesa Pamina, la hija de la Reina de la Noche.
De repente se oye un trueno y cae la noche. Las montañas se abren dando paso a la Reina de la Noche, que viene sentada sobre un trono de estrellas, haciéndose la oscuridad detrás de ella. En su delicada y completa aria de tres tiempos distintos («Oh zittre nicht, mein lieber Sohn!», «¡Oh, no tiembles, querido hijo mío!») con la que muestra su gran aflicción por el secuestro de su hija por un hombre al que no ama, por lo que persuade a Tamino para que la rescate y, a cambio, dejará que se quede con ella para siempre. Después de esto, la Reina se retira entre las montañas y el día se hace de nuevo.
El príncipe Tamino, pensando en soledad si lo que ha visto es cierto, se encuentra con Papageno en el camino, que no puede hablar por el castigo («Hm, hm, hm») pero él tampoco logra liberarlo. Entonces llegan las Tres Damas y liberan a Papageno de su castigo por gracia de la reina, pero este no debe mentir nunca más: «¡Que este candado te sirva de advertencia!» A Tamino le entregan un regalo de parte de la princesa: una flauta mágica de oro, que modifica el estado de ánimo de aquel que la escuche, hace más feliz a los hombres, al triste le vuelve alegre y al soltero enamorado. También por comando de la princesa Pamina, Papageno debe acompañar a Tamino, pero este tiene miedo de Sarastro; abandonaría al príncipe Tamino por no ir. Las Damas, para evitarlo, le regalan unas campanillas de plata mágicas que le protegerán con su sonido. Se despiden de ellos diciéndoles antes que, para guiarse y encontrar el castillo, han de seguir a tres muchachos jóvenes, bellos, nobles y sabios.
Cuadro II: En la habitación con jeroglíficos del palacio de Sarastro
Unos esclavos y Monostatos, siervos de Sarastro, entran con Pamina, la sujetan y la atan. Esta intenta evitar a Monostatos, quien la acosa y la desea. Él se acerca a ella («Du feines Täubchen, nur herein!», «¡Entra, pichoncita, entra!»), quien lo rechaza aunque le cueste la vida. En ese momento entra Papageno, que encuentra a la princesa Pamina junto al negro Monostatos. Ambos se asustan por la extraña apariencia del otro, y escapan, pero Papageno reflexiona y entiende que, si los pájaros pueden ser negros, los hombres también. Regresa ante la princesa Pamina para presentarse y, como solo se conocían de oídas, él comprueba que ella es la del retrato. Le cuenta que lo recibió de un príncipe enamorado de ella que va a rescatarla por encargo de su madre la Reina, cautivándole al darle el retrato para que pudiera cumplir la misión. Antes de salir, cantan un dúo sobre la necesidad que sienten de amor en las vidas («Bei Männern, welche Liebe fühlen», «A los hombres que sienten el amor»).
Cuadro III: En el bosque ante el palacio de Sarastro
El príncipe Tamino es conducido por los tres muchachos hasta el palacio de Sarastro («Zum Ziele hin führt dich diese Bahn», «Esta senda te conduce a la meta»), quienes le dicen que sea firme, paciente y callado. Encuentra un templo con tres puertas: en el medio, la puerta de la Sabiduría, a la derecha, la de la Razón, y a la izquierda, la de la Naturaleza. Entra por la puerta de la Sabiduría porque las otras le impiden pasar («Zurück!», «¡Atrás!»). Se presenta ante él un Orador que le pregunta por sus intenciones diciéndole que está ofuscado por el engaño de una mujer, quienes hablan mucho y hacen poco. El Orador le crea mucha confusión al admitir que Sarastro secuestró a la princesa Pamina pero que no es malvado. Tamino pregunta si fue sacrificada, el Orador dice que un juramento le impide responder mientras no entre de mano de la amistad; y se va.
Un coro de «Invisibles» informan al príncipe Tamino que ella vive y él empieza a tocar su flauta con agradecimiento. El sonido atrae a los animales del bosque. Al tocar la flauta se oye la melodía que siempre toca Papageno («Wie stark ist nicht dein Zauberton», «¡Qué poderosa es la magia de tu sonido!»).
La princesa Pamina y Papageno buscan también a Tamino y oyen su flauta mágica. Monostatos, al oír a Papageno, aparece e intenta atraparles. Llama a sus esclavos, que vienen con cadenas, pero Papageno utiliza el regalo de las Tres Damas y con sus campanillas les detiene y les hace bailar y cantar («Schnelle Füße, rascher Mut», «Pies rápidos y coraje protegen» y «Das klinget so herrlich!», «¡Qué sonido más hermoso!»).
Después se oyen trombones y Sarastro es anunciado por un coro invisible («Es lebe Sarastro, Sarastro lebe!», «¡Larga vida a Sarastro, viva Sarastro!»). Entra de forma triunfal, con sus sacerdotes y montado en un carro tirado por seis leones. Pamina le implora que le perdone su huida; ella quería escapar de Monostatos, quien le estaba acosando. Sarastro ya sabía todo esto y que está enamorada de otro, y aunque la perdona y dice no desear obligarla a amarle añade que no la soltará. Cuando ella apela al amor materno-filial, Sarastro responde que perdería su felicidad junto a su madre, y añade que es orgullosa y que un hombre debe guiar los pasos de las mujeres para que no sobrepasan la esfera que les corresponde.
El príncipe Tamino entra sujetado por Monostatos y los dos jóvenes se reconocen y pronto se abrazan fuertemente, lo que provoca la furia de Monostatos, que los separa inmediatamente y ruega a su señor que los castigue. Sarastro, imparcial, sentencia un castigo de setenta y siete azotes, pero sobre Monostatos, al cual se lo llevan sus sacerdotes. Para terminar, ordena que acompañen a Papageno y al príncipe Tamino al templo de las pruebas, con las cabezas cubiertas con sacos, para ser iniciados.
Acto II
Cuadro I: Un bosque
Sarastro y sus sacerdotes, en procesión solemne, se reúnen en su templo («Ihr Eingeweihten der Goetter Isis und Osiris»). Debaten la posibilidad de acoger a Papageno y a Tamino e iniciarlos en sus prácticas. Todos aceptan la propuesta, pero deberán ser virtuosos y superar una serie de pruebas. En este momento canta Sarastro el aria con coro («O, Isis und Osiris») rogando a los dioses que los fortalezcan con virtudes y los acojan en caso de que deban morir.
Cuadro II: En una sala, de noche, con tormenta
Tres sacerdotes conducen a Tamino y a Papageno hasta la sala donde se harán las pruebas, y les quitan los sacos. Tamino y Papageno entablan una conversación en la que suenan unos truenos que atemorizan a Papageno. Después entran unos sacerdotes con antorchas, con los cuales Tamino sentencia que estaría dispuesto a dar su vida por la amistad y el amor y someterse a pruebas por ello. Sobre esto Papageno no está muy de acuerdo. Él es un hombre primitivo («Ich bin so ein Naturmensch») y hasta que no le aseguran una mujer joven y bella, a Papagena, no acepta. Pero debe prometer no hablar con ella si la ve. Tienen que permanecer en silencio, y no hablar con ninguna mujer. En este dúo se detallan las principales motivaciones de la prueba («Bewahret euch vor Weibertuecken»).
Los tres sacerdotes abandonan la sala y les dejan en la oscuridad. En ese momento aparecen Las Tres Damas del suelo y cantan el quinteto («Wie? Wie? Wie?»), que los intentan convencer de que ese no es un buen lugar. Papageno no para de preguntar a Tamino si lo que dicen es verdad, pero Tamino, que es fuerte, no piensa en lo que puedan decir. Ellas insisten en que la Reina de la Noche se dirige hacia el templo, mientras que Papageno se desmaya. Pero se oye a los sacerdotes, que las expulsan hasta que desaparecen en el suelo. Entran estos y se llevan a Tamino. A Papageno le hacen levantarse para poder seguir guiándolo.
Cuadro III: Un jardín
Tamino y Pamina, acuarela de Max Slevogt.
La princesa Pamina duerme en una cama bajo la luz de la luna. Entonces entra Monostatos y canta su aria sin que nadie lo vea («Alles fühlt der Liebe Freuden»), en la que se lamenta de su posición comprometida. No puede amar a un ser tan hermoso como la luna porque lo negro es feo. Se acerca a la princesa Pamina, pero la madre de la princesa Pamina, la Reina de la Noche, surge del suelo. Pamina se despierta y Monostatos se esconde. La Reina de la Noche se enfurece al ver que el príncipe Tamino se ha puesto del lado de Sarastro, y pide venganza por ello. En el aria más famosa de la ópera («Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen») expresa que se siente engañada y obliga a la princesa Pamina, su propia hija, que mate a Sarastro, amenazándola con abandonarla para siempre. Le da el cuchillo a su hija para que asesine a Sarastro y se marcha enfurecida. Monostatos sale de su escondite y decide vengar a Sarastro pidiendo que se case con él, pero la princesa Pamina se niega. Llega Sarastro para consolar a Pamina y tomar justicia, a la manera que se tiene dentro de esos muros, que no conocen venganza («In diesen heil'gen Hallen»).
Cuadro IV: En la sala de las pruebas
Mientras, el príncipe Tamino y Papageno siguen superando las distintas pruebas impuestas. En este momento se enfrentan a la prueba del silencio, pero Papageno no calla. Surge del suelo una mujer vieja y fea que ofrece agua a Papageno, que no para de hablar con ella y descubre que tiene 18 años y dos minutos, y además tiene un amante, el mismo Papageno. Cuando va a preguntar el nombre de la anciana, un trueno suena y la vieja desaparece. Los muchachos llegan para traerles comida y sus instrumentos. Entregan a Tamino su flauta y a Papageno sus campanillas, y desaparecen. Tamino toca la flauta mientras Papageno come y bebe. Aparece Pamina al sonido de la flauta, que, al no obtener respuesta alguna por parte de Tamino, piensa que no le quiere y, muy herida, canta su bellísima aria («Ach, ich fühl's, es ist verschwunden»). Es el momento más solemne de toda la obra.
Cuadro V: Una gran sala abovedada, en el interior de una pirámide
Sarastro, junto con el coro de los sacerdotes, inician un ritual («O, Isis und Osiris, welche Wonne»). Se trata de uno de los pasajes corales más representativos de la época. Tamino, frente al gran sacerdote, escucha sus palabras. Entonces entra Pamina con un saco en la cabeza acompañada por los sacerdotes junto a Tamino. Sarastro le quita el saco. No cesa de preguntar por Tamino, que está a su lado, pero Tamino no habla con ella. En este trío se relata la historia ("Soll ich dich, Treuer, nicht mehr sehn?"). Han de separarse y los dos lo aceptan porque les prometen que volverán a encontrarse.
Cuadro VI: Jardín pequeño
Papageno está solo y perdido en la sala donde se realizan las pruebas. No encuentra la salida, siempre le dicen Atrás! (Zurück!). Al acercarse a un sacerdote, este le reprocha que su comportamiento merece un castigo, pero los dioses, benignos, lo perdonan. A cambio nunca sentirá las alegrías de los iniciados. Papageno se conforma con un vaso de vino, que le es concedido, y con una muchacha («Ein Mädchen oder Weibchen wünscht Papageno sich!») que le haga caso y le quiera. Cantando, encuentra a su mujer, pero es la misma anciana que le pide su eternidad. Él accede con desgana porque, si no, vivirá encarcelado sin una amiga y sin vivir en el mundo que tanto le gusta. En ese momento, ella se convierte en una hermosa joven, Papagena, pero la pierde porque se acerca un sacerdote; aún no es digno de ella, le dice. Papageno se hunde en la tierra porque no quiere hacer caso al sacerdote.
Cuadro VII: Un jardín
Los tres muchachos anuncian la llegada de la mañana y hablan de Pamina («Bald prangt, den Morgen zu verkuenden!»). Pamina, al creerse rechazada por Tamino, decide suicidarse. A punto está, pero los jóvenes genios la salvan a tiempo y le piden que tenga paciencia («Ha, Unglückliche, halt ein!»).
Cuadro VIII: Dos montañas, una arroja fuego y la otra agua
Dos hombres con armadura traen a Tamino para que supere las pruebas de agua y fuego. Antes de la prueba, Pamina aparece dispuesta a verle («Der, welcher wandert diese Strasse voll Beschwerden»). Deciden que, como Pamina no teme a la muerte, es digna de ser iniciada. Ambos se dan la mano. Tamino toca la flauta para poder atravesar la columna de fuego. Entran y salen de ésta. Tamino vuelve a tocar la flauta y se dirigen a la montaña, que arroja agua. Entran y salen de ésta. Aparece después la entrada a un templo muy iluminado, dentro del cual se oyen gritos de triunfo y alegría por la pareja («Tamino mein! O welch ein Glück» y «Wir wandelten durch Feuergluten»).
Cuadro IX: Pequeño jardín
Papageno, al ver que ha perdido a Papagena, la busca desesperadamente cantando y tocando su silbato («Papagena, Papagena! Weibchen! Täubchen!»). Decide ahorcarse. Con una cuerda, se acerca a un árbol. Pide que se apiaden, pero no se oye nada. Resignado, se dispone a colgarse. Los tres muchachos le detienen y le aconsejan que toque sus campanillas. Es el famoso dúo donde se encuentra con su amada Papagena, con la que decide tener muchos hijos Papagenos («Pa-Pa-Pa-Papagena!»).
Cuadro X: Subterráneos del templo
La Reina de la Noche, junto con Monostatos y sus tres damas, quien se le ha unido, surgen del suelo y en silencio («Nur stille, stille, stille, stille!») intentan atacar el poder de los sacerdotes y de Sarastro entrando en el templo. La Reina de la Noche le ha prometido a Monostatos su propia hija, la princesa Pamina, y este le enseña el camino. Se oyen ruidos. Son los sacerdotes, que los vencen con truenos y rayos. La Reina de la Noche, sus tres damas y Monostatos son expulsados y se los traga la tierra. Sarastro convoca el reino de la luz y el reino de la verdad. En el coro final («Die Strahlen der Sonne vertreiben die Nacht») se canta a la belleza y a la sabiduría que han sido coronadas para siempre en aquel bello lugar.
La Flauta Mágica (en español) - Acto 1 - Wolfgang Amadeus Mozart -
La Flauta Mágica (en español) - Acto 2 - Wolfgang Amadeus Mozart -
Concluyendo: La Flauta Mágica no es sólo una parábola de la lucha entre el bien y el mal, de lo ridículo y lo sublime, de elementos masculinos y femeninos, es, sobre todo, una obra genial que reúne todas estas contradicciones ensalzando el amor por la verdad, la solidaridad mutua, la justicia, la fraternidad y la tolerancia.
Argumento:
- Tamino, joven príncipe, va a caer en
las manos de la malvada Reina de la Noche, que le engatusará para ir en busca
de su hija Pamina ayudado del joven cazador de pájaros real, Papageno. Para la
cruzada, la Reina de la Noche regalará a Tamino un objeto mágico de
incalculable valor: La Flauta Mágica.
Esta ópera nos cuenta un drama que tiene como fondo el mundo
de la España meridional, desde el punto de vista exótico que atraía tanto a
toda Europa en la segunda mitad del siglo XIX.
Contrabandistas, cigarreras, gitanos, corridas de toros y
sangrientas pasiones que acaban con su protagonista muerta en manos de Don
José.
La ópera es una obra maestra ya sea musicalmente, en la
belleza de sus melodías e instrumentaciones de gran inspiración, como en la
palabra, cantada o recitada, siendo sin duda uno de los mejores libretos de
ópera de la historia, como en el perfecto dibujo musical de los personajes, sus
interacciones y el clima que le rodea.
Carmen es una ópéra dramàtica en cuatro actos con música de
Georges Bizet y libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri Meilhac, basado en
la novela Carmen de Prosper Mérimée, publicada por vez primera en 1845, la
cual a su vez posiblemente estuviera influida por el poema narrativo Los
gitanos (1824) de Aleksandr Pushkin. Mérimée había leído el poema en ruso en
1840 y lo tradujo al francés en 1852.
La historia de "Carmen" está ambientada en Sevilla
(España) alrededor de 1820
En Carmen los protagonistas se balancean, desde la pasión,
caminando por el filo que separa el amor del precipicio de la muerte como si la
única forma de amar fuera necesariamente el dolor ante la imposibilidad de poseerlo.
Nada que ver con la figura romántica del amor incondicional ante la imposibilidad
de poseerlo, a expensas de intereses egoístas.
Argumento
La historia tiene lugar en Sevilla, hacia 1820, como
protagonista una hermosa y provocativa gitana, Carmen, gitana de temperamento fiero,
libre con su amor, de la que se enamora perdidamente Don José, un cabo de
guardia, un soldado inexperto.
Arrastrado por su amor incumple sus deberes como soldado, La
relación de Carmen con el cabo motiva que éste rechace su anterior amor, se
amotine contra su superior y como desertor se una a un grupo de contrabandistas.
Pero la atención de la gitana cambia hacia el torero Escamillo. Loco de celos,
mientras el público aplaude la faena del torero. Don José matará a Carmen.