El museo del Louvre
(pronuciación en español /lubre/ o /luv/; en francés musée du Louvre /myze dy
luvʁ/
El museo del Louvre inaugurado a finales del
siglo XVIII, el Museo del Louvre es el museo más importante de Francia y uno de
los más visitados del mundo. Actualmente recibe más de ocho millones de
visitantes cada año.
Formado a partir de las
colecciones de la monarquía francesa y las expoliaciones realizadas durante el
imperio Napoleónico, el Museo del Louvre abrió sus puertas en 1793 mostrando un
nuevo modelo de museo, que pasaba de las manos de las clases dirigentes al
disfrute del público general.
Arquitectura del edificio
Apartamentos de Napoleón III
El Museo del Louvre se encuentra alojado en el Palacio del Louvre, una fortaleza del siglo XII que fue ampliada y reformada en diversas ocasiones. Antes de que se convirtiera en museo, algunos monarcas como Carlos V y Felipe II utilizaron el palacio como residencia real en la que acumulaban sus colecciones artísticas.
Tras el traslado de la
residencia real al Palacio de Versalles, el impresionante edificio de 160.000
metros cuadrados comenzaría su proceso de transformación en uno de los museos
más importantes del mundo.
En 1989 se construyó una
pirámide de cristal rompiendo la monotonía de los grandes bloques grises del
museo, que en la actualidad sirve como puerta de acceso.
Las exposiciones
La colección del Louvre
comprende cerca de 300.000 obras anteriores a 1948, de las que se exponen
aproximadamente 35.000.
La inmensa colección está
organizada de forma temática en diferentes departamentos: antigüedades
orientales, antigüedades egipcias, antigüedades griegas, romanas y etruscas,
historia del Louvre y el Louvre medieval, pintura, escultura, objetos de arte,
artes gráficas y arte del Islam.
Entre las pinturas más
importantes del museo merece la pena destacar las siguientes:
. La Gioconda de Leonardo da
Vinci.
. La Libertad Guiando al
Pueblo de Delacroix.
. Las Bodas de Caná de
Veronés.
Entre las esculturas las
obras más sobresalientes son:
. La Venus de Milo de la
Antigua Grecia.
. El escriba sentado del
Antiguo Egipto.
. La Victoria Alada de
Samotracia del periodo Helenístico de la Antigua Grecia.
Un museo de gran renombre y
extensión
Ubicación
Place du Palais Royal.
Horario
Lunes, jueves, sábados y domingos: de 9:00 a 18:00 horas. Miércoles y viernes: de 9:00 a 21:00 horas. Martes: cerrado.
Precio
Adultos: 22 € (22.934,34 CL$) Menores de 18 años y ciudadanos de la UE entre 18 y 25 años: entrada gratuita. Entrada gratuita con Paris Pass y Paris Museum Pass.
Visita guiada por el Museo del Louvre 81 € (84.440,07 CL$)
Transporte
Metro: Palais-Royal - Musée du Louvre, líneas 1 y 7. Pyramides, línea 14. Autobús: líneas 21, 27, 39, 67, 68, 69, 72, 74, 85 y 95.
Lugares próximos
Palacio Real de París (299 m)Museo de Artes Decorativas (344 m)Jardines de las Tullerías (549 m)Museo de Orsay (726 m)Plaza Vendome (861 m)
Antiguopueblo del norte de Mesopotamia: los asirios se extendieron por gran parte de Asia entre el II y Imilenio a. C.
Hacia
1.250 a.C., en el norte de
Mesopotamia se
estableció el pueblo asirio, quienes tomaron el
control de todo el país. Sus ciudades más
importantes fueron Assur
y Nínive, y entre sus
monarcas más ilustres destacaron
Assurnasirpal,
Assurbanipal, Salmanazar III, Sargón II y
Senaquerib.
Cuando,
en el año 689 a.C. el asirio Senaquerib
arrasa Babilonia y
pone fin al I imperio babilónico, Asiria era ya militarmente una
gran potencia. Sin embargo su historia se remonta mucho más atrás.
Mientras
que sumerios, acadios o
babilonios evolucionan en la Mesopotamia meridional,
Asiria lo hace en el norte, en torno a una ciudad, Assur,
en la orilla oeste del curso alto del Tigris.
Es
difícil conocer su historia durante el II milenio, existiendo
periodos de gran oscuridad.
Parece
ser que estuvo bajo el dominio de Akkad y
de la III
dinastía de Ur.
Pueblo de probable carácter nómada en origen, con el paso del
tiempo los asirios se fueron sedentarizando y orientándose hacia el
establecimiento en ciudades.
Hacia
el año 1116, con el rey Tiglatpileser
I,
inician su expansión, continuada por los numerosos monarcas que
le sucedieron. Los reyes, quienes se entendían a sí mismos como
representantes del dios Assur, emprendieron grandes campañas de
conquista, que hicieron de Asiria uno de los mayores imperios de la
historia de Mesopotamia.
Pero
la expansión de Asiria no fue sólo militar, pues también se basó
en el comercio.
Los
comerciantes asirios mercadearon con estaño iraní o textiles
propios o babilónicos, una actividad que, aparte de ser
económicamente lucrativa, produjo la expansión de algunos rasgos
culturales asirios, como su lengua y escritura.
El
empuje comercial fue paralelo y se benefició del engrandecimiento
político asirio. Shamsi-Adad
I,
hijo de un príncipe de la región de Mari,
logró usurpar el trono a un soberano asirio y establecer su propia
dinastía.
Con
él, en Asiria entraron nuevas pautas culturales, principalmente
babilónicas, entre las cuales la más importante fue la imposición
del culto al dios
babilónico Enlil,
al mismo nivel que la deidad local Assur.
Paralelamente,
emprendió una política de alianzas y pactos con la que consiguió
situar a Asiria como gran potencia regional, cuyo territorio ahora
equivaldría a toda la Mesopotamia septentrional.
Su
hijo Isme-Dagán, sin embargo, no tuvo la misma habilidad política y
diplomática que su padre para sacar provecho del juego de las
distintas potencias, con lo que Asiria quedó reducida nuevamente a
su territorio original.
Por
si fuera poco, la penetración de pueblos nómadas desde el Irán y
la falta de ayuda o incluso el enfrentamiento con el
babilonio Hammurabi,
produjeron la decadencia de este incipiente Imperio. Al mismo tiempo
el comercio, una de sus bazas principales, quedó prácticamente
liquidado.
Con
Isme-Dagán acaba el reinado paleoasirio, durante la primera mitad
del siglo XVII, quedando Assur reducida
a una ciudad-estado. Aunque en un futuro estará
llamada a representar un papel muy importante en la historia de
Mesopotamia, Asiria aún habrá de vivir siglos en un segundo plano,
principalmente gracias al ascenso del reino
de Mitanni.
Los
asirios fueron especialmente crueles. Solían destruir por completo
las ciudades que capturaban y las tierras agrícolas que las
rodeaban. Se llevaban sus tesoros y los ciudadanos eran muertos,
convertidos en esclavos o exiliados en ciudades lejanas.
Los
asirios: un pueblo indomable
Los
asirios eran guerreros por naturaleza y crueles por vocación. Cada
vez que invadían un nuevo pueblo, destruían las ciudades, se
apoderaban de sus tesoros, tomaban prisioneros y sometían a sus
enemigos a los más crueles suplicios.
El
imperio asirio alcanzó su mayor esplendor cerca de 700 a.C., cuando
sus territorios abarcaban desde Armenia hasta Egipto, y desde Asia
Menor hasta el Irán y el Golfo Pérsico por el sur.
El
último de los grandes emperadores asirios fue Assurbanipal, quien
fomentó las artes y letras y construyó grandes templos y palacios.
Sin embargo, un imperio como el asirio, cuyo poder se basaba en la
opresión no podía durar para siempre.
Y
es así como babilónicos y medos (pueblo del oeste de Asia que
ocupaba parte de Irán actual y parte de Azerbaiján) se aliaron y
entraron a Asiria desde la meseta de Irán, tomando e incendiando
Nínive el 612 a.C.
Leonardo da Vinci nació en 1452, en Vinci, un pueblo de la Toscana italiana. Con catorce años, entró en el taller del pintor Verrocchio, en Florencia. De este modo, se incorporó de lleno a la vida artística y cultural de la ciudad.
Leonardo nació el 15 de abril de 1452 en el pueblo toscano de Vinci, próximo a Florencia.
Hijo de un rico notario florentino y de una campesina, a mediados de la década de 1460 la familia se instaló en Florencia, donde Leonardo recibió la más exquisita educación que esta ciudad, centro artístico e intelectual de Italia, podía ofrecer.
Leonardo era elegante, persuasivo en la conversación y un extraordinario músico e improvisador. Hacia 1466 acudió a formarse al taller de Andrea del Verrocchio, figura principal de su época en el campo de la pintura y escultura. Junto a éste, Leonardo se inició en diversas actividades, desde la pintura de retablos y tablas hasta la elaboración de grandes proyectos escultóricos en mármol y bronce.
En 1472 entró a formar parte del gremio de pintores de Florencia y en 1476 todavía se le menciona como ayudante de Verrocchio, en cuya obra Bautismo de Cristo (c. 1470, Galería de los Uffizi, Florencia), pintó el ángel arrodillado de la izquierda y el paisaje de matices neblinosos.
Con treinta años, se trasladó a Milán, donde gobernaba una poderosa familia, los Sforza, y para ellos trabajó.
En 1478 Leonardo alcanzó la maestría. Su primer encargo, un retablo para la capilla del palazzo Vecchio, sede del ayuntamiento florentino, no llegó a ejecutarse. Su primera gran obra, Adoración de los Magos (Uffizi), que dejó inacabada, se la encargaron los monjes de San Donato de Scopeto, cerca de Florencia, hacia 1481.
Otras obras de su etapa juvenil son la denominada Madonna Benois (c. 1478, Museo del Ermitage, San Petersburgo), el retrato de Ginebra de Benci (c. 1474, National Gallery, Washington) y el inacabado San Jerónimo (c. 1481, Pinacoteca Vaticana).
En 1482 Leonardo entró al servicio de Ludovico Sforza el Moro, duque de Milán, tras haberle escrito una carta en la que el artista se ofrecía como pintor, escultor, arquitecto, además de ingeniero, inventor e hidráulico y donde afirmaba que podía construir puentes portátiles, que conocía las técnicas para realizar cañones, que podía hacer barcos así como vehículos acorazados, catapultas y otras máquinas de guerra y que incluso podía realizar esculturas en mármol, bronce y terracota. De hecho, sirvió al duque como ingeniero en sus numerosas empresas militares y también como arquitecto.
LEONARDO EL PINTOR
Hacia 1483, realizó una de sus grandes obras maestras, la Virgen de las rocas. Para pintar las rocas y el paisaje del fondo, Leonardo empleó una técnica inventada por él: el sfumato, que consiste en difuminar las figuras para crear una luz misteriosa que lo envuelve todo. También aplica un esquema compositivo triangular que encierra a la Virgen, el Niño, san Juan y el ángel.
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Existen dos versiones de la Virgen de las rocas, una de las pinturas más importantes que Leonardo da Vinci realizó durante su estancia en Milán. La primera versión, de 1485, se encuentra en el Louvre, París.
La segunda, de 1505, es la que aquí reproducimos y está en la National Gallery de Londres.
En 1495, Leonardo comenzó La última cena, una gran pintura mural que realizó sobre una de las paredes del comedor de un convento. En esta gran obra, además de su técnica del sfumato, destacaba el juego de miradas y gestos que había entre los personajes: dolor, indignación, estupor, sorpresa...
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La última cena, de Leonardo da Vinci
La última cena (c. 1495-1497), en la iglesia de Santa Maria delle Grazie de Milán, es una de las pinturas religiosas más famosas de Leonardo da Vinci. La obra sufrió serios deterioros debido a la mala fijación de la mezcla de óleo y pintura al temple utilizada por el artista.
Su obra maestra La última cena, pintura mural para el refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie, Milán. Desgraciadamente, el empleo de una técnica experimental de pintura al óleo sobre yeso seco provocó problemas técnicos que condujeron a su rápido deterioro hacia el año 1500. Desde 1726 se llevó a cabo un largo proceso de restauración y conservación que culminó en 1999.
Una vez completado el proceso, no exento de cierta polémica, han reaparecido muchos detalles ocultos durante años. También se ha puesto de relieve el brillante colorido de la obra original, que había quedado ensombrecido por las restauraciones anteriores. Aunque la mayor parte de la superficie original se ha perdido, la grandiosidad de la composición y la penetración fisonómica y psicológica de los personajes dan una visión aproximada de su pasado esplendor.
Entre 1503 y 1505, pintó su gran obra maestra: La Gioconda. Este retrato es una de las pinturas más valoradas y copiadas de toda la historia del arte, aunque nadie sabe con seguridad quién era esta misteriosa dama ni porqué sonreía.
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La Gioconda, la obra más famosa de Leonardo, sobresale tanto por sus innovaciones técnicas como por el misterio de su legendaria sonrisa. La obra es un ejemplo consumado de dos técnicas —el sfumato y el claroscuro— de las que Leonardo fue uno de los primeros grandes maestros. El sfumato consiste en eliminar los contornos nítidos y precisos de las líneas y diluir o difuminar éstos en una especie de neblina que produce el efecto de inmersión en la atmósfera. En el caso de La Gioconda el sfumato se hace evidente en las gasas del manto y en la sonrisa. El claroscuro es la técnica de modelar las formas a través del contraste de luces y sombras. En el retrato que nos ocupa las delicadas manos de la modelo reflejan esa modulación luminosa de luz y sombra, mientras que los contrastes cromáticos apenas los utiliza.
Además de ser un extraordinario pintor, Leonardo también fue un importante científico. Sus descubrimientos eran tan avanzados, que tuvo que mantenerlos en secreto porque, probablemente, nadie los hubiese entendido.
Afortunadamente, realizó numerosísimos dibujos de todos sus inventos. Gracias ellos, y a sus escritos, hoy sabemos que fue uno de los primeros científicos en descubrir que la sangre circula por nuestras venas. También inventó máquinas de tejer, trajes de buzo, submarinos, máquinas voladoras...
El ornitóptero, ingenio resultante del estudio del vuelo de los pájaros, fue una de las muchas ideas científicas de Leonardo da Vinci. Aunque sus inventos nunca se llevaron a cabo, los dibujos que realizó de ellos son magistrales y podría consideránsele el primer ilustrador científico.
Leonardo da Vinci sentía gran fascinación por los rostros, de los que realizó innumerables dibujos, desde ajados ancianos hasta niños angelicales. Estas cuatro caricaturas en tinta sepia revelan su maestría en el dibujo.
Leonardo destacó por encima de sus contemporáneos como científico. Sus teorías en este sentido, de igual modo que sus innovaciones artísticas, se basan en una precisa observación y documentación. Comprendió, mejor que nadie en su siglo y aún en el siguiente, la importancia de la observación científica rigurosa. Desgraciadamente, del mismo modo que frecuentemente podía fracasar a la hora de rematar un proyecto artístico, nunca concluyó sus planificados tratados sobre diversas materias científicas, cuyas teorías nos han llegado a través de anotaciones manuscritas. Los descubrimientos de Leonardo no se difundieron en su época debido a que suponían un avance tan grande que los hacía indescifrables, hasta tal punto que, de haberse publicado, hubieran revolucionado la ciencia del siglo XVI. De hecho, Leonardo anticipa muchos descubrimientos de los tiempos modernos.
En el campo de la anatomía estudió la circulación sanguínea y el funcionamiento del ojo. Realizó descubrimientos en meteorología y geología, conoció el efecto de la Luna sobre las mareas, anticipó las concepciones modernas sobre la formación de los continentes y conjeturó sobre el origen de las conchas fosilizadas.
Por otro lado, es uno de los inventores de la hidráulica y probablemente descubrió el hidrómetro; su programa para la canalización de los ríos todavía posee valor práctico. Inventó un gran número de máquinas ingeniosas, entre ellas un traje de buzo, y especialmente sus máquinas voladoras, que, aunque sin aplicación práctica inmediata, establecieron algunos principios de la aerodinámica.
Santo Sudario de Turín
Lienzo de lino de 4 m (expuesto desde 1578 en una capilla adyacente a la catedral de Turín) que durante siglos muchos católicos han identificado con el sudario con que fue envuelto Jesucristo tras ser bajado de la cruz por José de Arimatea. En sus partes anterior y posterior parece conservar las marcas o impresiones que habría dejado un hombre tras ser crucificado, coronado con espinas, azotado y con el costado atravesado por una lanza (torturas sufridas por Jesucristo durante su Pasión).
Algunos documentos apuntan a que esta sábana era ya conocida en Francia a mediados de la década de 1360, pero otras pruebas circunstanciales retrotraen el conocimiento de su existencia a Palestina en tiempos de Jesús.
El interés científico por la reliquia comenzó en 1898. Al principio se creyó que las impresiones estaban pintadas. Sin embargo, al ser fotografiadas, las imágenes dieron muestras de tal realismo que refutaron un posible fraude; los expertos declararon que ningún artista podía lograr el grado de realismo revelado por las fotografías.
Los primeros análisis científicos importantes del Santo Sudario fueron realizados en 1978. En 1988, las pruebas de laboratorio determinaron que la tela había sido fabricada en el siglo XIV y que, en consecuencia, no podría haber sido el sudario de Jesucristo.
Los científicos no hallaron pruebas concluyentes para explicar cómo se formaron las imágenes. Sin embargo, para muchos católicos de todo el mundo el sudario sigue siendo digno de veneración.
El sudario de Turín es la reliquia más famosa del mundo cristiano. Durante siglos los feligreses han creído que en él se encuentra plasmado el rostro torturado y crucificado de Jesús. La manera de cómo la imagen llegó al manto es todo un misterio, que ha despertado el interés de los científicos por décadas.
Durante muchos años, las marcas en el sudario convencieron a los expertos de que este manto fue utilizado para envolver el cuerpo lacerado y ensangrentado de un hombre, que murió tras ser crucificado. Sin embargo, pruebas de carbono 14 indican que éstas fueron realizadas mil años después de la muerte de Jesús.
En 1988, la Santa Sede permitió pasar la prueba del Carbono 14 a la reliquia, para lo que se retiró un trozo pequeño de una esquina del sudario, que fue dividido y enviado a los laboratorios.
Tres pruebas independientes de radiocarbono, la han datado entre 1260 y 1390.
La imagen en la tela es enteramente superficial. No penetra en las fibras bajo la superficie, por lo que las fibras de lino y algodón no tienen color. La tela no fue tintada.
Sin embargo, los más recientes análisis del Carbono 14 , apuntan a que algunos pólenes así como las fibras textiles de que está hecho dicho lienzo datan del siglo I , pero también de que existen restos de pintura bermellón, aplicada plana, es decir: que no se amolda a la forma de donde supuestamente brota y por donde debería discurrir.
De los métodos propuestos por los escépticos sobre la creación de la imagen en la Edad Media, hay quien no duda en considerar al sudario como la primera fotografía del mundo, atribuyendo su autoría a Leonardo da Vinci.
Según ellos, la imagen habría sido producida con la ayuda de una linterna mágica, un dispositivo de proyección simple en el que Leonardo estaba investigando como consta en su Codex Atlánticus.
Sus prácticas dentro del ámbito de la Alquimia le habían llevado a saber que : si sobre un lienzo embebido en sales de plata y extendido a oscuras, sometido después a la proyección momentánea de un haz de luz dentro de una cámara oscura, se expone detrás una imagen, la silueta de ésta quedaría impresa en negro sobre el paño. Vamos, la base de la fotografía.
Esta teoría se apoya en el parecido que algunos encuentran entre el famoso autorretrato de Leonardo y la imagen del sudario.
En cartas privadas del Papa a Leonardo, se sabe que el primero, confió a las manos de Leonardo la permanencia de la fé (...). ¿Leonardo así lo hizo?
Como dato curioso diremos que todos los problemas que Da Vinci había tenido hasta entonces con la Iglesia debido a sus investigaciones heréticas dentro del campo de la Alquimia, fueron "olvidadas", y Leonardo no volvió a pasar apuros económicos ni de ningún otro tipo. A su vez, un lienzo, prueba "fidedigna" de la pasión, quedaba expuesto en Turín y, con ello, la fe asegurada.
Un creador en todas las ramas del arte, un descubridor en la mayoría de los campos de la ciencia, un innovador en el terreno tecnológico, Leonardo merece por ello, quizá más que ningún otro, el título de Homo universalis.
Leonardo murió en Francia en 1519. Está considerado uno de los más grandes artistas del renacimiento, gracias a su arte y a su ingenio.