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jueves, 15 de junio de 2023

PLANETA HUMANO - EFECTO CARIOLIS

¿El agua gira para lados diferentes en cada hemisferio?

Es normal escuchar que el agua de los inodoros evacúa en distinta dirección dependiendo de si nos encontramos en el hemisferio norte o en el hemisferio sur. ¿Mito o verdad?  Uno de los grandes mitos respecto a los fluidos del agua afirma que el sentido en que giran los líquidos en un desagüe puede cambiar su dirección dependiendo de qué lado del hemisferio nos encontremos. Esto es real y ocurre por la llamada “fuerza de Coriolis”. 

El efecto Coriolis hace que un objeto que se mueve sobre el radio de un disco en rotación tienda a acelerarse con respecto a ese disco según si el movimiento es hacia el eje de giro o alejándose de éste. 

El efecto Coriolis describe cómo la rotación de la Tierra orienta los vientos y las corrientes oceánicas superficiales. A diferencia de la tierra, el aire y el agua se mueven libremente (en ausencia de obstáculos). El efecto Coriolis hace que la trayectoria de un objeto que se mueve libremente parezca curvar. 

El efecto de Coriolis, que desvía las líneas de flujo de agua hacia la derecha en el hemisferio Norte y hacia la izquierda en el hemisferio Sur. La fuerza de rozamiento, que reduce la velocidad de la corriente a medida que aumenta su profundidad, ya que disminuye el efecto que ejerce la fuerza de arrastre del viento.

Efecto Coriolis. Es el fenómeno físico que hace que las partículas se muevan hacia lados diferentes según el hemisferio de la Tierra en que se encuentren.

El planeta Tierra al realizar de manera constante los movimientos de traslación y rotación, altera la trayectoria de cualquier masa que gire alrededor de un mismo punto. Es así como los objetos en movimiento se desvían ligeramente hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur. 

Si nos encontramos en el hemisferio norte, las partículas de la mitad superior contarán con menor velocidad lineal, retrasando el desagote y generando un giro en sentido antihorario. Por su parte, en el hemisferio sur, las partículas de la mitad superior contarán con mayor velocidad lineal, adelantándose y generando un giro en sentido horario.







FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla

martes, 13 de junio de 2023

PLANERTA HUMANO - LAS CORRIENTES MARINAS

Las corrientes son chorros de agua que circulan a través de una masa mayor de agua. Océanos, ríos y arroyos tienen corrientes.


 La salinidad y la temperatura del océano, así como los accidentes geográficos de las costas, determinan el comportamiento de las corrientes oceánicas. El movimiento de rotación de la Tierra y el viento, también influyen en cómo actúan las corrientes del océano.

Las corrientes de superficie transportan el calor de los trópicos a los polos, y llevan el agua fría de los polos de vuelta hacia el ecuador. Esto hace que el océano no esté ni muy frío ni muy caliente.

Las corrientes frías de profundidad llevan oxígeno a los organismos del océano. Además, transportan y suministran los nutrientes necesarios para todos los seres vivos. Dichos nutrientes provienen del plancton y de restos de otros organismos que van a la deriva hasta que se descomponen sobre el lecho oceánico.

A lo largo de algunas costas, el viento y las corrientes producen un fenómeno denominado surgencia. 

Mientras el viento aleja el agua superficial de la costa, las corrientes profundas de agua fría ascienden para ocupar su lugar. Esta surgencia del agua profunda arrastra consigo nutrientes que alimentan a nuevas generaciones de plancton que, a su vez, sustentan a los peces.

 Así, las cadenas alimentarias marinas, están en un constante proceso de reciclaje trófico y energético.

 

Algunas corrientes oceánicas son enormes y muy potentes. Una de las más poderosas, es la corriente del Golfo, una corriente cálida superficial originada en el mar del Caribe, que avanza hacia el noreste a lo largo de la costa este de Estados Unidos. La corriente del Golfo tiene una anchura de 80 kilómetros (50 millas) y una profundidad de más de un kilómetro (3,281 pies).

Al igual que otras corrientes oceánicas, la del Golfo ejerce una función crucial. En su desplazamiento hacia el norte, porta consigo la humedad del trópico y la transfiere al aire. Los vientos predominantes de componente oeste llevan el aire cálido y húmedo a las Islas Británicas y a Escandinavia. Por eso sus inviernos son suaves a pesar de estar en una latitud tan alta. El norte de Noruega, que llega hasta el círculo polar ártico, no se congela gracias a la corriente del Golfo.

El Niño es un patrón climático que provoca cambios en la corriente de Humboldt (también conocida como corriente de Perú), que discurre por la costa occidental de Suramérica. El Niño es básicamente una cálida corriente superficial que recorre todo el ecuador e impide la surgencia de las frías y nutritivas aguas de la corriente de Humboldt. El Niño aparece cada dos o siete años, generalmente en diciembre, y asola los caladeros de Perú y Ecuador.

Las trayectorias de las corrientes oceánicas están determinadas, en parte, por la rotación terrestre, que produce el llamado efecto Coriolis. Este fenómeno, sin el cual los vientos y corrientes avanzarían en línea recta, hace que, sin embargo, viren a la derecha en el hemisferio norte y a la izquierda en el hemisferio sur.










FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla

PLANETA HUMANO - ZONAS DE VIDA MARINA

Los diversos organismos que viven en el fondo del mar, o muy asociados a este, forman parte del bentos.

Entender las relaciones tróficas de un ecosistema constituye un aspecto fundamental para comprender la importancia de cada una de las especies. Gracias a este recurso interactivo, el alumnado conocerá cómo se pueden representar estas relaciones entre organismos marinos a través de cadenas o redes tróficas. Por medio de diferentes ejemplos, el alumnado reflexionará sobre la complejidad de las redes tróficas y sobre el papel clave que juegan algunas especies en el ecosistema del mar.

Ya sea en la costa o en lo más profundo del lecho marino, el océano rebosa de vida. 

Los cientos de miles de especies marinas van desde:

  •  las algas microscópicas hasta la criatura más grande que ha vivido en la Tierra, la ballena azul.

El océano cuenta con cinco grandes zonas biológicas, cada una de ellas con organismos singularmente adaptados a su ecosistema marino específico.

La zona epipelágica  es la capa superior del océano iluminada por el sol. Se extiende desde la superficie hasta unos 200 metros de profundidad (660 pies). Esta zona también se conoce como zona fótica o eufótica y aparece tanto en lagos como en el océano.

 

La luz solar en esta zona epipelágica permite la fotosíntesis, proceso a través del cual algunos organismos convierten la luz del sol y el dióxido de carbono en energía y oxígeno. En el océano, la fotosíntesis corre a cargo de las plantas y de las algas. Las plantas oceánicas, como los pastos marinos, son como las terrestres: tienen raíces, tallos y hojas. Las algas no tienen estas estructuras pero también realizan la fotosíntesis. Las algas grandes, como los quelpos, se denominan macroalgas.

El fitoplancton también vive en la zona epipelágica. Se trata de un grupo de organismos microscópicos formado por plantas, algas y bacterias. Sólo son visibles cuando miles de millones de ellos forman floraciones de algas, y aparecen como manchas verdes o azules en el océano.

El fitoplancton es la base de la red alimentaria del océano. Mediante la fotosíntesis, el fitoplancton es responsable de casi la mitad del oxígeno que se libera a la atmósfera terrestre. Animales como el kril (un tipo de camarón), los peces y los organismos microscópicos llamados zooplancton se alimentan de fitoplancton. A su vez, estos animales son comidos por ballenas, peces más grandes, aves oceánicas y seres humanos.

La siguiente zona es la zona mesopelágica, que se extiende hasta unos 1,000 metros (3,300 pies) de profundidad. También es conocida como zona crepuscular, debido a que su luz es muy tenue. Esta falta de luz solar hace que no haya plantas en esta zona, pero los grandes peces y ballenas se sumergen hasta sus profundidades para cazar a sus presas. Los peces de esta zona son pequeños y luminosos. Uno de los más comunes es el pez linterna, que tiene órganos luminosos a lo largo de su cuerpo.

A veces, los animales de la zona mesopelágica (como cachalotes y calamares) se sumergen en la zona batipelágica (3), a una profundidad de 4,000 metros (13,100 pies). Esta zona también se conoce como zona de medianoche porque allí no llega la luz.

Los animales de la zona batipelágica son pequeños, pero suelen tener unas bocas enormes, dientes afilados y estómagos elásticos que les permiten comer cualquier alimento que se les presente. La mayor parte de este alimento procede de los restos de plantas y animales que descienden desde las zonas pelágicas superiores. Muchos animales batipelágicos carecen de ojos porque no los necesitan en la oscuridad. Como allí la presión es tan grande y es tan difícil encontrar nutrientes, los peces de esta zona se mueven lentamente y tienen potentes branquias para extraer el oxígeno del agua.

El agua del fondo oceánico, en la zona abisopelágica, es muy salada y fría (dos grados Celsius o 35 grados Fahrenheit). A profundidades de hasta 6,000 metros (19,700 pies), la presión es enorme: 11,000 libras por pulgada cuadrada. Esto hace imposible la vida para la mayoría de los animales. Los que sí lo logran tienen extrañas adaptaciones para hacer frente a su ecosistema. Muchos peces de la zona abisal tienen mandíbulas que parecen estar desencajadas. 

Esta característica les permite arrastrar sus bocas abiertas por el lecho marino en busca de comida, como mejillones microscópicos, camarones y organismos microscópicos.

Muchos animales de esta zona, como calamares y peces, son bioluminiscentes; es decir, son capaces de emitir luz mediante reacciones químicas de su cuerpo. Por ejemplo, el rape abisal posee un apéndice luminoso que le cuelga por delante de su enorme boca dentada. Cuando los peces más pequeños son atraídos por su luz, el rape abisal los devora de un enorme bocado.

La zona más profunda del océano, entre fosas y cañones, se denomina zona hadopelágica. Aquí viven pocos organismos, donde destacan los diminutos isópodos, un tipo de crustáceo emparentado con cangrejos y gambas.

Los invertebrados, como las esponjas y los pepinos de mar, prosperan en las zonas abisales y hadopelágicas. Al igual que muchas estrellas de mar y medusas, estos invertebrados dependen casi por completo de partículas que caen de plantas y animales muertos o en descomposición, denominadas detritos marinos.


No todos los moradores de los fondos abisales dependen de los detritos marinos. En 1977, un grupo de oceanógrafos descubrió una comunidad de criaturas en los suelos oceánicos que se alimentaban de bacterias en torno a las fuentes hidrotermales.


 Estas fuentes expulsan del interior de la Tierra agua a temperatura muy alta, rica en minerales. Los minerales alimentan a unas bacterias muy específicas que, a su vez, nutren a otros organismos como cangrejos, almejas y gusanos de tubo.



PLANETA HUMANO - El lecho marino

Los científicos empezaron a cartografiar el lecho marino en la década de 1920. Utilizaban, entonces, unos instrumentos llamados ecosondas, que miden la profundidad del agua mediante ondas de sonido. 

Las ecosondas funcionan con la técnica del sónar, acrónimo en inglés de navegación y cálculo de distancias por sonido. El sónar demostró que el fondo oceánico tiene unos accidentes geográficos espectaculares: enormes montañas, profundos cañones, escarpados acantilados y extensas planas.

La corteza oceánica está constituida por una fina capa de roca volcánica llamada basalto. El lecho marino se divide en varias zonas. La primera de ellas es la plataforma continental, una extensión submarina casi llana de un continente. No todas las plataformas continentales tienen la misma extensión desde la costa. Sin embargo, por lo general, son más extensas junto a las costas llanas y más estrechas junto a los litorales montañosos.


La plataforma está cubierta de sedimentos procedentes del continente. Parte de estos sedimentos son depositados por los ríos o quedan atrapados en represas naturales y otras formaciones. La mayoría de los sedimentos provienen del último periodo glacial, o Edad del Hielo, cuando los océanos retrocedieron y dejaron al descubierto la plataforma continental. Este sedimento se denomina sedimento relicto.

En el borde exterior de la plataforma continental, la tierra se precipita bruscamente en lo que es conocido como talud continental

El talud desciende casi hasta el fondo del océano. 


Luego, se estrecha hasta una pendiente más suave conocida como elevación continental, y desemboca a lo más profundo del océano en una planicie llamada llanura abisal.

Las llanuras abisales son zonas amplias y planas que se hallan a profundidades de entre 4,000 y 6,000 metros (13,123 y 19,680 pies). Cubren el 30 por ciento del lecho marino y son las áreas más llanas de la Tierra. Estas llanuras están cubiertas por sedimentos de grano fino, como la arcilla y el  limo. Los sedimentos pelágicos, restos de microorganismos oceánicos, también descienden desde las capas superiores del océano. En estas llanuras hay colinas abisales y unos picos volcánicos sumergidos llamados montes submarinos.

De las llanuras abisales de cada uno de los grandes océanos emerge una enorme cadena de montañas, en su mayoría submarinas. Esta cadena, llamada dorsal oceánica, rodea la Tierra y se extiende a lo largo de más de 64,000 kilómetros (40,000 millas). La mayor parte está dividida por una profunda grieta o brecha central. 


Estas dorsales marcan los límites entre las placas tectónicas. La roca fundida del interior de la Tierra brota de la grieta, formando nuevos lechos marinos en un proceso llamado expansión del fondo oceánico.

 Una gran parte de la dorsal oceánica se extiende por el centro del Atlántico. Se conoce como dorsal Mesoatlántica. No fue vista ni explorada directamente hasta 1973.

Algunas zonas del lecho marino tienen unas depresiones profundas y estrechas, llamadas fosas oceánicas

Son las áreas más profundas de la Tierra; la más profunda de todas ellas es el abismo Challenger, en la fosa de las Marianas del océano Pacífico, cerca de la isla de Guam. 

Se ignora su profundidad real, pero las mediciones más precisas lo sitúan a 11,000 metros (36,198 pies) por debajo de la superficie del océano. Esta distancia supera en 2,000 metros (6,000 pies) la altura del Everest, el punto más elevado de la Tierra. La presión en el fondo del abismo Challenger es de unas ocho toneladas por pulgada cuadrada.






FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla


PLANETA HUMANO - Formación del océano

La Tierra empezó a formarse hace unos 4,600 millones de años. Luego se dividió gradualmente en capas de roca más ligera y más pesada. La primera capa se elevó y formó la corteza terrestre; la segunda se hundió formando el núcleo y el manto de la Tierra.

El agua del océano procede de las rocas del interior de la Tierra en proceso de formación. Cuando las rocas fundidas se enfriaron, liberaron vapor de agua y otros gases. Luego, el vapor de agua se condensó y cubrió la corteza terrestre con un océano primigenio. Hoy, los gases calientes del interior de la Tierra siguen generando nuevas aguas en el fondo del océano.




FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla





EL CLIMA

El océano cumple un papel fundamental con respecto al clima y al tiempo. El calor del sol hace que el agua se evapore y este vapor, a su vez, humedece el aire.   Los océanos producen la mayor parte del vapor de agua, que se condensa y crea las nubes. Y las nubes, por último, liberan su humedad en forma de lluvia u otros tipos de precipitación. Toda la vida en la Tierra depende de este proceso conocido como ciclo del agua.

La atmósfera recibe gran parte de su calor del océano. Cuando el sol calienta el agua, el océano transfiere el calor desprendido a la atmósfera, que, a su vez, lo distribuye por todo el planeta.  Como el agua absorbe y pierde el calor más lentamente que las masas terrestres, el océano equilibra las temperaturas de la Tierra absorbiendo el calor en verano y liberándolo en invierno. Sin el océano como regulador de estas temperaturas globales, el clima de la Tierra sería terriblemente frío. 









FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla


PLANETA HUMANO - DIFERENCIAS ENTRE MAR Y OCÉANO

Se habla de mar o de océano, distintamente, dependiendo del tamaño de la extensión de agua salada a la cual nos referimos. 

Así, los mares son más pequeños que los océanos, y forman parte de ellos.

Los océanos poseen mayores profundidades y un mucho mayor volumen de agua, mientras que los mares son más superficiales y por lo tanto más cálidos. Podría decirse que los mares son las porciones del océano apreciable desde tierra firme, si bien existen también lagos de agua salada conocidos como “mares”, tales como el mar Caspio, el mar Muerto o el mar Aral.

El océano más grande del mundo

El océano de mayor tamaño en el mundo es el Pacífico, que separa a América de Asia y Oceanía. Constituye un tercio de la superficie terrestre y se extiende por 15.000 kilómetros de alto (desde el mar de Bering y el Ártico, hasta el mar de Ross y la Antártida), y unos 19.800 km de ancho entre las costas de Indonesia y Colombia. Su área total es de 155.557.000 km2 y contiene unas 25.000 islas, más que el resto de los océanos sumados.

El Pacífico se comunica con el Atlántico únicamente en tres puntos: los pasos naturales en la región austral, conocidos como el pasaje de Magallanes y el estrecho de Drake, o a través de la conexión artificial que existe en Panamá, y que opera en base a un sistema de exclusas inundables.



Cuando miras los mares y océanos en el mapa, puedes pensar que simplemente fluyen uno dentro del otro. Parece que hay un solo gran océano, y la gente simplemente les dio diferentes nombres a sus partes. ¡Bueno, te sorprenderás de lo marcados que son los límites entre ellos! La frontera entre los océanos Pacífico y [océano] Atlántico es como una línea entre 2 mundos. Parece que los dos océanos se encuentran en una pared invisible que no les permite fluir uno dentro del otro y mezclar sus aguas. Pero ¿qué podría interferir con su mezcla?







FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla


PLANETA HUMANO - LOS CUATRO ZONAS OCEÁNICAS

Aunque el océano es una masa de agua ininterrumpida, los oceanógrafos lo han dividido en cuatro zonas principales: océanos Pacífico, Atlántico, Índico y Ártico.  Los tres primeros se encuentran en las gélidas aguas en torno a la Antártida. Para algunos oceanógrafos esto significa que hay un quinto océano: el llamado comúnmente océano Austral.

Dado que cubren la mayor parte de la superficie de nuestro planeta (71%) y se comunican entre sí, los océanos son un rasgo distintivo de la Tierra, el “planeta azul”. En los océanos se originó la vida y todavía existe el mayor porcentaje de biodiversidad conocido, lo cual constituye una fuente de alimento y recursos para el hombre, así como de actividades recreativas.

Por otro lado, esta enorme masa de agua cumple un rol esencial en los ciclos climáticos del planeta, manteniendo su temperatura estable a través del ciclo hídrico y de las corrientes marinas. Al mismo tiempo se gestan numerosos accidentes climáticos y fenómenos naturales peligrosos en su superficie, como los huracanes, las tormentas tropicales o los tsunamis.

En el mundo hay tres grandes océanos: Pacífico, Atlántico e Índico, seguidos de dos menores: Ártico y Antártico. Los dos primeros de la lista se pueden dividir en Norte y Sur, de acuerdo a su ubicación.

El Océano Atlántico separa los continentes de Europa y África de América.

Mientras que el Pacífico separa a esta última de Asia y Oceanía.

El Índico, en cambio, separa al continente africano del asiático y de Oceanía, por debajo del nivel de la India.


 Los océanos ártico y antártico, por último, se encuentran en las inmediaciones de sus respectivos polos Norte y Sur, respectivamente.







FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla




PLANETA HUMANO

LOS OCÉANOS

¿Qué es el océano?

Cuando hablamos de océanos nos referimos a una enorme extensión de agua salada que separa a dos o más continentes. Se trata de masas colosales de agua, cuya superficie estimada es de 361.000.000 km2, es decir, tres cuartas partes del planeta, y presentan una profundidad media de 3900 metros (con excepciones como la fosa de las Marianas, de 11.034 metros de profundidad), lo cual significa unos 1.300.000.000 km3 de líquido, es decir, el 94% del agua planetaria.


El océano abarca el 70 por ciento de la superficie de la Tierra. Contiene cerca de 1,350 millones de kilómetros cúbicos de agua (324 millones de millas cúbicas). Representa el 97 por ciento de toda el agua de la Tierra. El océano hace posible toda vida terrestre y hace que el planeta se vea azul cuando se observa desde el espacio. La Tierra, hasta donde sabemos, es el único planeta de nuestro sistema solar con agua en estado líquido.

ÍNDICE DE TEMAS:

1.- LOS CUATRO ZONAS OCEÁNICA

2.-   EFECTO CARIOLIS





8.- LAS CORRIENTES OCEÁNICAS

8.- El océano mantiene una gran diversidad de vida y ecosistemas












FUENTE: Concepto.de // National Geographic // Miteco //

EDICIÓN: Erika Rojas Portilla


PLANETA HUMANO - 300 MILLONES DE AÑOS

Este primer capítulo de 300 millones de años, relata la dramática historia de cómo el continente europeo llegó a ser desde el período carbonífero hasta la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. Durante su largo proceso de creación, Europa ha "recorrido" varias zonas climáticas, ha sido moldeada por los elementos y transformada por colisiones con otros continentes. Los dinosaurios también estaban en casa aquí, hasta que llegó la gran colisión.




En los siguientes 65 millones de años, los mamíferos son parte de la historia de Europa. Los mamíferos marinos conquistaron los océanos mientras que las manadas de herbívoros atravesaban la tierra. Hace 600.000 años que el Homo Heidelbergensis empezó a cazar. Visto desde una perspectiva geológica, los seres humanos han estado en la tierra por sólo unos pocos momentos, pero en este breve tiempo ya hemos transformado fundamentalmente el planeta. Los humanos hemos cambiado el cauce de Los ríos, talado bosques y abiertos caminos a través de los hábitats naturales de casi todos los animales de la tierra.













EDICIÓN: Erika Rojas Portilla